Frío

Viernes por la tarde, tengo frío, es raro vivo en el Caribe, en una de sus islas, en una que se parte casi al medio, vivo en la parte este, vivo en República Dominicana, muy lejos, lejos, lejos de dónde nací, en Comallo, pero hoy tengo frío, mucho frío, veo imágenes, leo noticias, opiniones, interpretaciones y concuerdo con un nuevo amigo patagónico que todavía no conozco que el silencio es lo único que cabe dentro del dolor.

No puedo dormir, no puedo callar, sí callo, pero tengo frío, frío de antes, frío de cuando gendarmería se llevó a mi viejo en el 70 o 71, frío de cuando nos tiraban piedras, frío de cuando en esa misma morgue, le retiraban a mi hermano el mapuche las nueve balas que le incrustó mi padrastro un oligarca de cuarta como estos.

Tengo frío y quiero callar.

 

 

Anuncios
Published in: on 20 octubre 2017 at 10:56 am  Dejar un comentario  

Los Sour Sixteen de la Bestia Barroca

“¡islas de no-se-sabe-quién-dijo-islas-primero!
porque, si naciste allí, no has nacido todavía.”

 ¡Antillas!, Manuel García Cartagena

 Frankenstein

La ñoñería de la intrahistoria de unos teatreros y una escritora

Dicen que a quienes andan diciendo: “lo pasado pisado”, le salen juanetes en el dedo derecho del pie izquierdo y ni los fabricantes de cadáveres vivientes, querrán ese pie para sus pruebas macabras. Atendiendo tan noble razón y para evitar que mis despojos mortales no sean considerados como carne primium para el próximo Dr. Frankestein. Voy a recordar…

Rafael Villalona me dijo una vez que el montaje comenzaba con el afiche que la publicitaba y era cierto. En estos tiempos de la posverdad, las certezas están de vacaciones o duran lo que una flatulencia en una perfumería. Entonces, sin querer, queriendo, anoche comencé por la boletería y escuché que a Camila, sí a Camila, los jovencitos que están terminando la adolescencia, la trataban de usted. Uepa y no ticket, digo por eso de estar en una boletería, el tiempo pasó y se puede medir.

Pasaron diecieis años desde aquel estreno en Bellas Artes, si la memoria no me falla, en que la Frankestein emergió a los inicios de un siglo con infulas de milenio. Dimitri se gestaba y Vicente Santos habitaba entre nosotros. Yo, tenía dos columnas en el Listín y me-pa-ga-ban mi amorch. Y no era por mi juventud y belleza, era porque todavía se estilaba darle cierto precio al valor de la cultura.

Anoche mientras era parte de ese público que sabe que es es también espectáculo, no podía recordar. Sabía que había visto la obra, pero solo me era familiar la música. Esta mañana busqué lo que seguramente había escrito hace dieciseis años y lo encontré, lo leí y me dije, cuánto hemos cambiado y respiré aliviada.

Me llamó la atención la lectura tan limitada que hice, me torturé preguntándome, o es que acaso no dije todo lo que había que decir por temor, porque justamente recibía una paga por mi escrito, es que… no sé que pensar., no quise pensar y tampoco quise inventar un recuerdo que no tenía, lo cierto es que de aquella cuartilla que escribí, recupero tres aspectos que me movieron a reflexionar sobre el montaje de este presente efímero. Me cito (qué horror) del artículo Una cuartilla para la bestia barroca, publicado en el Listín Diario en algún mes de 2001:

“El espectador acude a un sueño, a la representación del mito moderno que duerme en cualquier cabeza que ronda las calles de cualquier ciudad de madrugada. Eso es Frankenstein el ser ideal porque lo crea un hombre, pero a la vez es el zafacón, el negro, el pobre, el huérfano, el fast human (úselo y bótelo). Como la propuesta misma se basa en la evocación y asociación “ad infinitum”, no voy a seguir haciendo lecturas, que por otra parte el público hizo viradas al humor. “

“El discurso tiene una carga simbólica muy fuerte y hasta una propuesta ideológica y el manejo del cuerpo tiene una carga estética, también fuerte y aún no logran amalgamarse. Dicho en lenguaje cinematogáfico hay que editar.”

“La bestia vuelve, el teatro sigue vivo y realmente vale la pena  asistir a obras que se comprometen con el aquí y el ahora, proponiendo formas y rescatando contenidos. Ojalá que más bestias barrocas  despierten nos muevan, nos hagan reir y llorar como Vicente Santos (excelente trabajo). Y nada se me acabó el espacio.”

Por suerte, como ahora ya no pagan por escribir críticas, el espacio y el tiempo me pertenecen y voy a usarlo.

 

El montaje de este Frankenstein: el como sí de un circo beat

Es imposible reflexionar sobre este montaje sin contextualizarlo en la propuesta estética-ideológica de Guloya. La elección del texto, la forma de construir el relato, la presentación de los elementos en el montaje. Son Guloya. Y no hay duda que este Franskestein ganó, en síntesis, en acertividad y en no perder lo mejor que tenía: el aquí y el ahora. Si no hubiésemos escuchado a Calle 13, Agarrate Catalina y más  se habría perdido la esencia.

Pero a su vez, sin esta forma fragmentada de presentar la casi no fábula, fábula que a su vez se reconstruye en el imaginario del espectador de acuerdo a la cantidad de referentes culturales que es capaz de evocar, sin este popurrí de claves de actuación (desde un clown incendiario a un como si estanisvlaskiano o desde un efecto V a una severa antropología teatral), sin la danza, sin el espacio reciclado, sin el carnaval, sin la provocación. O sea sin nada de lo antes mencionado, no hubiésemos visto un montaje de Guloya.

En Frankenstein, nosotros los de entonces ya no somos los mismos, pero sin embargo estamos y nos reconocemos. Guloya ha logrado fluir en el río de Heráclito y nadar. Nadar a través de el concetp Frankstein que atraviesa la pieza. Todos son retasos, pedasos, de textos, de planos de ficción, de estilos de actuación, de danza, de líneas narrativas, de basura hecha escenografía, de ropa transformada en vesturio. Un montaje sinfónico: nada decora, viste, adorna; todo es.

La novela de Mary Shelley es un cuerpo textual muerto, que cobra vida en el montaje suturado junto otros pedazos de la historia de la monstruocidad que ya no es un sueño barroco, sino una pesadilla moderna, posmoderna y posoperatoria. Pero Frankestein para tener vida necesita alma y su alma en este montaje es la música, la hiperbolia de los gestos, la escenografía. Los personajes son marionetas, en algunos casos de otros personajes y en otros de sí mismos como nos lo muestra la escena final.

Si alguien quiere a estas altura que diga como estuvieron  qué les digo,

  • Los actores son tres veteranos, son tres bestias que pueden hacer con nuestra emotividad lo que quieran.
  • Del director, un maestro que sabe a dónde va y para qué.
  • De la música, como dije, el alma de la pieza.
  • De la escenografía, la perfección estética de la basura.
  • De las luces, la penumbra necesaria.
  • De la utilería, el papel maché perfecto para la piel ajada de las víctimas y los victimarios.

Para concluir voy a ahondar en lo que no hice allá por el 2001 y me resulta desde este litoral del ahora casi imperdonable.

 

La ficcionalización dramática de nuestra tragedia: la política criolla

Frankenstein es un monstruo. Desde el punto de vista etimológico, monstruo es el prodigio que se muestra. Este era el sentido inicial de la bùsqueda del Dr. Franskenstein, mostrar su prodigio, su creación, su ser creado de los restos de cadáveres.

Vamonos al Dr. Balaguer al que obviamente se hace referencia en la pieza. (Constante Guloyiana, piénsese en Otello: Peña Gómez). No es un secreto que nuestro doctor intentó crear su monstruo con los restos en descomposición de una nación harta del Trujillismo y desorientada por la Guerra de Abril.

Balaguer creó una clase que fue su monstruo, su prodigio que mostrar. Una clase comerciante y política que para qué te cuento. Pero a su vez convirtió a los habitantes de Villa Anarquía, a esos que llegaban de los pueblos a conformar los cinturones de miseria de Santo Domingo, los habitantes de las Villas, en sus bestias. Y bestia que en latín era literalmente serpiente, pero filtrado por la tradición judeo cristiana, la bestia sin duda es la irrupción de lo demoníaco. (ver Génesis).

Esa bestia que debe ser creada para poder ser odiada, para producir miedo en los hijos monstruosos. Monstruos a los que no les tiemble la voz cuando llaman a  gritos a los organismos de seguridad para que intercambien disparos.

Ambos son los hijos del Doctor, uno los legítimos y otros los de la calle, los hijos de Machepa. Y los que no se alinean, desaparecen y sus nombres están escritos con tinta invisible en la página en blanco, porque la ley suprema es solo un pedazo de papel.

Pero ¿y la madre? La madre que escribe y crea a los monstruos, que cuando se convierten en bestias los desconoce porque ella también es una monstrua abandonada por su propio padre y ante todo necesita el cariño y la protección del Doctor. Esa ambigüedad edípica que se transforma en incesto cuando el creador supremo de la vida, no duda en sacrificar el cuerpo femenino, la mujer un cuerpo sacrificable que solo vive en la esfera platónica. Se vuelve la musa Lucía (famoso pema de Balaguer), nusa que aportará prestigio, porque todo creador de monstruos criollo, además debe ser reconocido como poeta para completar sus credenciales de doctor.

La mujer cadaverizada, siliconizada, esclavizada, embarzada y asesinada. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Franskesntein es la bestia creada por el clientelismo político, el que creó el lúmpen, que acostumbrado a la fundita hoy solo es capaz de articular un: “dame lo mío.” Y podríamos agregar, y “haz lo que tú quieras.”. Una banda coloda que anda con su herida supurante tiñiéndose de los colores que sean necesarios para seguir danzando en el próximo carnaval.

Y ahora , vuelvo y vuelvo a recoradar para ver si podemos olvidar, no como mecanismo de negación, sino como evidencia del cambio que produjo nuestra resistencia. Pero hasta que este fenómeno del optimismo militante se materialice, cito las palabras del programa de mano: “Recordar es resistir. ” Solo recuerda aquel que había comenzado a olvidar. Se recuerda aquello que no se desea perder, pero se recuerda desde un aquí y un ahora.

Personalmente resistiré a la tentación de ser convertida en el monstruo, en el prodigio que el caudillo o padre abandonador desea mostrar y aborrecer al mismo tiempo. El monstruo que engendró la madre desde el cuento. Madre que está más atenta a la aceptación del padre –marido porque ella también fue el monstruo abandonado de su propio padre.

Resistir a ser el monstruo de los otros para no convertirme finalmente en la bestia odiada, en las bestia que justifican la existencia y los métodos de los organismos de seguridad. Resisto para no convertirme en una natimuerta. Resisto para no convertirme en el Doctor, para que nadie más desee ser el doctor. Doctor que fue el hijo monstruo del generalísmo y nieto de la fábrica imperial de monstruos.

Published in: on 4 octubre 2017 at 3:43 am  Dejar un comentario  
Tags: