Confieso

olvido

Soy errática
quizá
es la mezcla
de niña bonita, inteligente y consentida
con
la civilización occidental, racional y estructurada.

 

Voy
del pánico a la seguridad
del chiste bestialmente masculino a sonrojarme
del romance al sexo salvaje
de no necesitar compañía a extrañar
del poema erótico al poema edípico.

 

Es verdad soy errática.

 

Si hubiera nacido hombre
sería errático
lo heredé de mi padre
igual que
el color de los ojos
los rizos
y la ausencia de canas.

 

Confieso
soy errática
es difícil saber
dónde encontrarme
ni yo
tengo demasiadas pistas.

 

Abril 2007

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Published in: on 30 julio 2009 at 9:37 am  Dejar un comentario  
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Huellas como trampas

estatuas-de-sal 

Es sabido
-por todos –
que nuestras huellas
quedaron petrificadas
sobre la sal de las lágrimas.

 

Hemos transitados
por el crimen perfecto
de nuestros padres
y el asesinato ritual
del único hermano varón
que nos dio la tierra.

 

Sabemos vivir
entre el holocausto
y la desaparición de personas
de manera ilegal.

 

Y digo:
nunca más perderé la conciencia
del dolor
no voy a olvidar nada de esa tierra gris
llena de distancias intransitables
en invierno
y en verano.

 

Abril 2006

Published in: on 30 julio 2009 at 9:28 am  Dejar un comentario  
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Después de los ñoquis o de las botellas

No men

I

Ah, no men
yo no necesito
ni un detective
ni un payaso
ni un artista plástico
ni un coreógrafo
ni un pistolero
para que me suban o me bajen
las ilusiones.

 

Ah no men
a lo sumo
los puedo frecuentar para que
me espíen
me hagan reír
me retraten
me sacudan
o me den un tiro de gracia.

 

Mira, men,  tú sabes
yo querer puedo querer
pero necesitar no necesito a nadie
que me convierta en sospechosa
me saque lágrimas
use mi piel como canvas
invente pasos novedosos con mi espíritu
o vuelva mi cerebro un polígono de tiro.

 

Ah, no men
yo no necesito
ni la escena del crimen
ni la arena del circo
ni el estudio del SOHO
ni la tarima al aire libre
ni la ruleta rusa.

 

Ah, no men
yo no necesito nada
de lo antes mencionado.

 

Pero eso sí
quiero
descubrir
reír
dibujar
bailar
y
apuntar de manera certera
y precisa
al cascarón de mis ilusiones

para hacerlas trizas de una vez
por todas.

 

No puedo seguir soñando
sin ponerle caso
a los sueños.

 

 

II

Ah men
al psicoanalista
también podría
decirle lo suyo
-pero no-
el se salva
se quedó junto
al negro
y
al bello chico judío de Liniers
en la burbuja de la juventud
y para ahí no apunto
no me interesa destruir
la delicada película
de la pompa de jabón
que guarda las imágenes flotantes
de lo más asquerosamente bello
que tengo: lo que pudo ser.

 

Ah no men
a ellos no.

 

 

III

La tarde cae sobre una piscina llena de agua y de muchachos insoportables.

 

A la derecha el ex marido
con su novia
y con las niñas de mis ojos
más atrás el hombre que duerme
que no se ve mal
tampoco bien
a lo sumo se parece al criollo cordobés
con perfil de enano fascista.

 

La tarde cae
los pájaritos de siempre
van y vienen en dirección al mar
aunque no se alejan de la costa.

 

La tarde cae y cae
su caída es imparable
pero está vez cae en picada
hacia el paredón de la universidad autónoma
y se desliza suavemente hacia los hoyos
de tierra arcillosa
donde se agita insepulto
el cadáver
de algún amor fugaz.

 

La tarde está llorando y no es por ti
es por ella misma
a veces
su propia naturaleza de transición
la entristece.

 

Pobre, ella también tiene derecho a sufrir.

 

Agosto 2007

Published in: on 30 julio 2009 at 9:22 am  Comments (1)  
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El dolor de ya no ser

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En una noche perfumada de jazmines no se puede escribir, solo resta embriagarse de aromas y abrir las piernas, los ángeles no se pueden resistir.

Berlín es una ciudad de ángeles, ángeles que dejan de ser ángeles y se enamoran de las mujeres que viven cerca de la gran sinagoga y los viernes amasan pan trenzado para el shabbat. Mujeres que ya ni se asustaron la noche de los cristales rotos. Mujeres que saben explicar las cosas en inglés y en ydish, mujeres que fueron actrices de Bretch y recorrieron la calle toda la noche. Mujeres que se murieron en cualquier campo de concentración semanas antes de terminar la guerra.

 En la Patagonia no hay ángeles, el viento feroz no les permite sobrevolar la región y menos aún aterrizar. Sí hay mujeres, muchas, alejadas de todo y conocen de soledad y frío y miedo de abrir la puerta y temor de sonreír y con vergüenza de decir que no conocen  el mar y las caricias y los cuerpos y que siempre hay que estar emponchado y nada, ni ángeles, ni mujeres enamoradas. La Patagonia es  un lugar parecido al fin del mundo, es el sur del universo y por algún lugar se escapan las almas que todavía necesitan completar el viaje de búsqueda, de comunión con el sol.

 Los ángeles llegan a Berlín a enamorar mujeres que prenden las velas del shabbat, pero son tan perfectos que cualquiera juraría que son seductores profesionales.

 Acá estamos y no hubiese querido comenzar con esta obviedad exquisita del acá que se quiere tan acá que se vuelve ahora, se confunde todo con el mero placer de existir, así en medio de una geografía y un paisaje que se hace plano y gris y pedregoso con impresionantes pedazos de verde con canales de riego y montañas recortadas de manera exacta contra el color negro y azul de esta extraña sensación de familiaridad como Viedma o quizá hasta Comallo o Bariloche. Me voy yendo en tanto suceder y quiero creer que se puede pegar el alma con el cuerpo,  pero no, no se puede.

 La noche huele a jazmines, a Berlín, a  Patagonia, a mi pueblo, a sudor de ángel, a lágrimas de mujer y las tinieblas se escurren tras las puertas como aquella noche que salimos de Egipto hacia la libertad. Algún día llegaré al sitio exacto, por ahora solamente busco las aceras con sombra, yo no tengo ángel de la guarda. Me duele demasiado no ser.

Abril 2006

Published in: on 30 julio 2009 at 9:02 am  Dejar un comentario  
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Para qué engañarnos

olvido 2

Siempre supimos
que escribíamos para nadie
y la verdad es que
ni nos importa
ni nos duele.

Siempre supimos
que nos tocaba habitar
en esa dolorosa parte de la memoria
que se fragmenta en entropías varias:
esa parte de la memoria
que se parece demasiado al olvido.

Julio 2009

 

Published in: on 27 julio 2009 at 11:31 am  Dejar un comentario  
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Hacia el relato

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La voz épica se fue, la trágica se aburrió. Sólo me queda el relato de una tarde terrible y nublada cuando del pecho del señor que manejaba el taxi se llenó de pájaros grises que luchaban por entrar. Nadie dijonada pero miraban atónitos en esa esquina de París con el alma congelada.

Las voces se estremecían dentro de la boca con la lengua paralizada y el pensamiento detenido por el pavor de no decir. Quién se atreve a no decir, a aguantarse la palabra por voluntad, por absoluta conciencia  silenciosa del destino, por respeto, por sensación de poder, por temor al poder. Quién se atreve a decir: no quiero decir.

La épica es un género que relata y transcurre en poema flexible y héroe y mujer que espera y enemigos y dioses y traidoras y de todo lo necesario para moverse, para ir, para volver, para perder, para encontrar el patio de la casa más bonito que nunca, en especial ahora que tiene una hamaca.

La tragedia es tan simple: ser una princesa con conciencia, linda, demasiado hermosa, bordada con luna, decorada tan naturalmente que parece natural. Una tragedia bendecida por la herida. Una tragedia profunda en avenida San Fe y Canning, tan profunda como la noche en Brooklyn, como el 31 de diciembre en Viedma, como el pedazo de cielo que nunca abandonó el sol en Londres. Ahora mi tragedia no encuentra escenario para tener tanto miedo, como tengo, vestida de princesa bonita con las manos llenas de uñas afiladas y caricias encantadoras.

Las manos son la tragedia, los pies la épica y siempre ambos deben  ser hermosos.

Huelo a tragedia épica con un relato continuo de tardes veladas por el sol desteñido por los silencios interminables de la luz.

 La tragedia: todos ellos y yo podríamos haber sido felices.

La épica: todos ellos y yo por el desierto.

El relato: todos ellos y yo a punto de movernos hacia la acera sombría de un nosotros sin ninguna autoridad.

 Marzo 2006

Published in: on 27 julio 2009 at 8:34 am  Dejar un comentario  
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Conversaciones con Aurelia de Daniel Torres: una osada presentación literaria con travesti incluida

aureliaConversaciones con Aurelia es ante todo una novela y como tal cuenta una historia. Como toda novela de la posmodernidad ya no pretende contar la historia, sino como acabo de decir, una historia o mejor será decir el fragmento de una historia. Los chismes que quedaron de la historia, los reflejos que se fragmentaron en la bola de cristal hecha de miles de aristas espejadas. La bola de Travolta que gira en el techo de toda discoteca o night club que haya asumido los ochenta. El costadito de una historia que se teje con las rabias, los placeres, los deseos, las fantasías. El suspiro de una historia que se crece en la pista,en el tubo de la estriper, en los siete minutos de fama de una trans que es Paloma San Basilio. Los residuos de una historia que se vomitan en la taza de un inodoro embarrado de mierda ajena o se desvanecen con el sudor y el maquillaje en el asiento trasero de la guagua que va para el barrio. Una historia, que se cuenta a sí misma en la boca de Aurelia, protagonista, narradora y alcahueta total.

Cuando terminé de leer esta novela, que contiene intérpretes, dos partes de chismes y una tercera parte de  cartas, me dije: “Volonteri esto es cosa de hombres.” Me reí y pensé, linda forma de acabar con el discurso falocéntrico. También me acordé de una amiga que después de su tercer divorcio y harta de los hombres dijo: “Me voy a dedicar a las mujeres.”  Otra más experimentada le respondió: “Cariño, es lo mismo, las relaciones entre las personas terminan repitiendo más o menos los mismos patrones culturales. Pero si quieres te invito a tomar un trago esta noche y tu decides.” No he vuelto a verlas a ninguna de las dos, dicen que se demandan mutuamente por violencia sicológica.

El asunto es el siguiente, los personajes de la novela son transexuales, travestis, gay, bugarrones, ex travestis, machos con penes descomunales y todo sucede en el ambiente de la noche, del San Juan clandestino o de doble moral, en el ex Pájaro azul y ahora Blue Parrot. En la puerta excitante del condado, en Mérida, en el avión, en el recuerdo de Aurelia. Todo sucede en una isla, donde según dicen los protagonistas, la mariconería es el verdadero deporte nacional.

La novela cuenta la vida de personas más allá de sus preferencias, de sus aspectos, de sus sueños. De personas que viven en una isla colonizada de Latinoamérica y son víctimas de discriminación, inseguridades, represiones. Víctimas y victimarios de sus propias pasiones y deseos.

No intento negar el aspecto homosexual y transexual de la novela, pero quisiera recalcar que después de la fragmentación simbólica del poder (por que real todavía no ha sido) la Literatura, con mayúsculas, era masculina y no sólo porque la escribieran hombres, sino porque ellos detentaban el poder. Hablo del Canon de Bloom, de Shakespeiere, Safo y Cervantes, donde todo cabía, incluso la sensibilidad ante la tragedia.

Y qué pasó después cuando el hombre y el género humano no fueron sinónimos, se decapitó al Cancerbero y este se convirtió en Medusa. Unos dicen que fue culpa de la posmodernidad, otros dicen que los filósofos de la postmodernidad sólo describieron el suceso, haya sido como haya sido, lo cierto es que tenemos todo tipo de literatura: femenina, gay, latina, negra, indígena, etcétera. Los conservadores rebeldes dicen que la buena literatura va más allá de los subtítulos. En algo coincido con ellos, un texto está o no está escrito bien, pero no podemos negar que esa categoría de bien está directamente relacionada con el subtítulo.

Y digo más, el subtítulo no lo determina el tema, sino la apropiación de la estética de ese tipo de literatura. La poesía negroide no lo es solo porque asume el tema de la esclavitud, las raíces africanas, la explotación, etcétera; sino porque vuelve parte de su estética el lenguaje de este sector de la humanidad al cual se refiere: el ritmo, la musicalidad, la sintaxis, el sociolecto. La negritud preña, contamina el lenguaje de la Literatura.

En el caso de Conversaciones con Aurelia, sucede esto mismo, la manera de ser, vivir y decir contamina el texto. Más allá de la historia de estas personas, que muy evidentemente reproducen la historia de un pueblo colonizado. En Latinoamérica casi todos queremos ser otros y otras: irnos a cantar boleros a Mérida, conseguir un gringo para casarnos, (acá le pregunto al público quién quiere casarse con un gringo) ser la favorita del dueño del local, olvidar teniendo o consiguiendo un pene descomunal y -sin duda- muchas veces resultamos mejores que el original. Dice Aurelia de Delirio: “Fuiste tú más famosa en tu imitación de lo que fuera Lucy en persona, siendo el original de sí misma.” También, otro síntoma de coloniaje es despreciarnos entre nosotros: “Parece cubana en celo, la pobre es boricua, no llega a dominicana…”

Mucho más allá de la triste y deliciosa historia de Aurelia, Fifí, Delirio, Nani, Miguel, John Smith o Bebo Salgado el decir de la novela, su propia poética se preña, se contamina de la forma de decir de estas mujeres que hacen de todo evento un chisme, una conversación: algo que contar, una intertextualidad permanente con el cancionero romántico y de despecho, frases sacadas de revista del corazón (cito): “Si le dices a un hombre cuanto lo quieres, decididamente la regaste.”

En esta novela, pasan cosas, suceden hechos, hechos que cuenta Aurelia en segunda persona del singular hablando de los personajes y hablándole a los personajes para que los lectores nos sintamos como escuchando una conversación ajena, como brechando con el oído la vida de los otros, que quieren ser otras o vivir su vida para dejar de vivir la de otros. La otredad es infinita tras las bambalinas del Pájaro azul, que ahora, Blue parrot.

En esta historia suceden dos hechos importantes, uno lo verán a continuación y su protagonista fue la Nani. El otro, el de Miguel no lo podemos hacer en el marco de la feria, para enterarse deben leer la novela y pedirle a Aurelia, la alcahueta total, que se los cuente.

(Ezequiel, por favor, la música. Entra la trevesti e interpreta Fuera de mi vida de Valeria Lynch y al terminar abofetea al autor, igual que lo hace le personaje de la Nani en la novela, pero a quien abofetea es al chulo. )

El beneficio secundario del deseo

barca

El beneficio secundario del deseo es, sin duda, la culpa. No hay nada más precioso y diáfano que desear, solo y solo sí a continuación se desata una enorme y feroz culpa. Una culpa que carcome el sentido común y la propia voluntad. Una culpa que pervierte al deseo hasta convertirlo en un augurio funesto, una vergüenza capital, en una mancha genética que no se quita ni con cirugía, ni con psicoanálisis. Un enorme pozo negro y oscuro resguardado por un esfínter  bien entrenado, que sólo permite la salida de los desechos del deseo, transformados en materia de culpa. Un control tan estricto como una ley, la ley que controla el deseo y la culpa.

El beneficio secundario de la culpa es, sin duda, desproporcionar el tamaño del deseo hasta convertirlo en un fantasma con vida propia, un fantasma que, como cualquier monstruo gótico, termina matando a su creador o convirtiéndolo en santo demonio o perverso ángel, da igual. En ambos casos la ley de la culpa y el deseo conmutan sus beneficios secundarios y sus penas.

Published in: on 7 julio 2009 at 9:29 am  Dejar un comentario  
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¿Quién matará a Helena?

torera1
Una mujer tan bella
con un hombre tan bruto
se enfrenta a  la tentación:
un sensual príncipe troyano.
No mide la guerra en muertos
sino en orgasmos.
Published in: on 3 julio 2009 at 4:19 am  Dejar un comentario  
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