Asesinato masivo o violencia de género

bragas

El detective en jefe de la Interpol con sede en Tokio, Abel García,  una mañana de lunes, revisaba las noticias de los principales diarios del planeta y descubrió un patrón común. De hecho para eso revisaba la prensa. Resulta ser que en la semana del 24 de julio habían muerto de forma súbita más de un millón de mujeres de edades que fluctuaban entre los 15 y los 80.

Inmediatamente envió una comunicación a sus subalternos en el mundo y los mandó a investigar primero a las hoy desaparecidas: estado civil, patrones de consumo, posición social, estudios, el estado en el que llegaron a la sala de emergencia o a la morgue o a manos del maquillador de cadáveres. Los resultados no tardaron en llegar a su bandeja de entrada, le tomó tres días y tres noches leer los 1200 emails con los resultados de las investigaciones.

Obviamente, que contaba con sofisticados programas de informática, como los de las series de televisión, para primero traducir todo al inglés, su lengua materna, y luego aislar palabras o frases que se repetían de manera significativa. Conclusiones a primera vista: todas tenían algún tipo de relación amorosa, todas presentaron un extraño tiente violáceo en la zona que ocupan los panties y todos los panties que habían usado las víctimas eran de la marca transiberiano, se vendía en internet y en la publicidad prometían despertar los instintos sexuales salvajes que ningún amante haya imaginado jamás.

Era muy obvio o casi obvio lo que había sucedido, una empresa china había fabricado la ropa interior con alguna sustancia sin probarla y la había lanzado al mercado a través del comercio por internet y obviamente cayeron varios incautos que no solo no obtuvieron la noche de placer prometida sino que perdieron a sus esposas, novia, amantes furtivas o  secretarias buenas mozas.

Abel García viajó al recóndito pueblo chino donde se encontraba la fábrica, incautó los materiales, apresó a los responsables e interrogó al dueño. Este explicó que el tinte para ponerle a los pantis se obtenía de una mata que crecía en una lejana montaña en Siberia y que era cultivada por una anciana de 200 años. García viajó a Siberia, encontró a la viejita que confesó que los efectos del tiente de la mata eran mortales sino se bebían como infusión, que absorbidos por la piel, producían la muerte instantánea. Cuando se le preguntó por qué no lo dijo, por qué dejó que el codicioso fabricante chino pusiera en riesgo la vida de tantas mujeres, la viejecita cerró su boca hasta el sol de hoy.

Se apresaron más de medio millón de personas en todo el mundo: los chinos de la fábrica, la viejecita siberiana y los ochocientos mil hombres que mandaron a pedir los panties para matar a sus mujeres porque sabían el efecto había causado en la mujer del vecino. Se caratuló el caso como asesinato masivo,o violencia de género, para dejar conformes a todos.

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Published in: on 1 enero 2015 at 7:24 am  Dejar un comentario  
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