Un poco de nada

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Cuando tu pais se parece al mundo, te quedaste sin patria.


Los aeropuertos, los malls, los museos y los baños de los aviones

son lo más parecido al hogar.


Paris, Buenos Aires, Nueva York (mareada)

son exacta y putalmente iguales.


Los árboles de Madrid huelen a la Avenida Libertador.


La luz mortecina del viento norte te hace dudar de tu tránsito

certero.


Cuando sabés que creciste en esa esquina pero ya no lo sentís más;

cuando te curás de la sensación

melancólica de la pérdida;

cuando la memoria reemplaza al recuerdo,

se vive más lejana, más serena, más tranquilamente,

con más distancia del dolor,

con más equilibrio,

con menos tragedia,

con menos distanciamiento y catarsis,

y con mucha, pero mucha más vida real.


Cuando se estiriliza el pasado,

y el espacio solo es el lugar que ocupan los cuerpos,

te quedaste sin lugar,

te acomodas en cualquier lado.


Cuando pasa todo lo anteriormente mencionado,

el tiempo ya no es una variable:

es el pulso del deseo.

 

Bs As

29-10-06

Published in: on 29 enero 2009 at 10:16 am  Dejar un comentario  

Un hilo rojo

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Sí, obviamente, después

de quedarme sola,

lloré.

 

Lloré ni bien Julieta

se quedó detrás de la puerta

que ella misma cerró

detrás de sí.

 

Lloré ni bien Patricia

cerró el teléfono

y antes hablamos

de mi novella,

y del tío Julio

y de mi papá, el suicida,

y de mi mamá, la muerta,

y de mi hermano, el asesinado.

 

Lloré sola,

y vi, claramente, el hilo rojo

que entreteje la trama narrativa

que es la vida,

o mi vida que,

a veces,

sólo a veces,

coinciden.

 

Está ahí abajo,

halando y uniendo pedazos,

recortes de imágenes que se agolpan

en esta última mañana en Buenos Aires

que confunde

el tiempo y el espacio,

que anula

casi veinte años de ausencia.

 

Quince años llorando por otra cosa.

 

Cinco años aguantando el llanto.

 

Obviamente,

cuando me quedo sola,

lloro.

 

Lloro porque ya no quiero evitarlo.

 

Lloro mientras desenredo el hilo rojo

enchastrado, embarrado de sangre,

que va narrando la novela

que es nuestra vida.

 

Una vida

para llorar a solas,

muy a solas.

 

Una vida

que da hasta verguenza

contársela al sicólogo.

 

Una vida

que nadie

se merece escuchar.

 

Una historia

tejida a dos agujas,

con ebras de hilo teñido,

con la tinta roja

del tango

que eligió Calamaro

para nombrar su último CD.

 

Un abuelo, el judío,

cantaba milongas.

 

Otro abuelo, el anarco criollo,

era un bailarín atorrante.

 

El hilo rojo de la narración familiar

está salpicado de tango y,

en algún momento,

eso nos jodió la alegría,

y yo, como pitonisa al fin,

lo padezco en el cuerpo.

 

Hay un tranque

y está en el tango,

en la tinta roja.

 

El relato es irónico,

el hilo narrativo está empapado

con la sangre de un recuerdo

que no se puede olvidar

porque etá oculto

en algún rincón

húmedo

de La ideal.

 

Para más referencias:

Esmeralda esquina Corrientes.

 

En La esmeralda

me encontré con Patricia

antes de hablar por teléfono.

 

Cuando me quedé sola,

obviamente,

lloré

justo después

que Julieta se quedó detrás de la puerta

y Patricia del otro lado del auricular.

 

Me tengo que ir a despejar

mis melancolías tropicales.

 

Bs As

6-11-06

 

Published in: on 29 enero 2009 at 9:47 am  Dejar un comentario  

Rara como encendida

foto-raaraLo raro nunca dejó de suceder. Sabíamos que era raro porque lo comparábamos con la vida de los otros, como vecinos, primos, compañeros de banco y hasta amigos muy cercanos.

 

Entendíamos que vivíamos en la rareza, en un ambiente algo cargado y siniestro. Pero, en realidad, nos daba verguenza. No podíamos contárselo a los demás. Así, que de manera tácita, sin ponernos de acuerdo: comenzamos a fingir normalidad. Tanto y tanto fingimosque creímos, durante una buena parte de la vida, que éramos iguales a los demás, o lo que era peor, que nuestra rareza era la norma.

 

Nos hicimos adictos a las desgracias inminentes. Nos reuníamos en la sala de la casa de mi madre a contarnos suicidios, a pronostica asesinatos, a vislumbrar cánceres y a redactar interminables testamentos en los que nadie heredaba nada.

 

Después, cuando todo comenzó a suceder como en una película o en varios tomos de un melodrama a facículos,  nos pareció lógico, coherente con el hilo narrativo. El suicidio de papá fue verosímil; la muerte de mamá y el maltrato que ejerció mi padrastro sobre su cuerpo agonizante, nos dio algo de tristeza y rabia pero hasta lo interpretamos en el marco del psicoanálisis tan en voga en el  Buenos Aires de aquellos días. El asesinato de Hernán fue nuestro límite, un alerta que nos dijo o nos recordó, que lo raro nunca había dejado de suceder.

 

Ahora, mi hermana y yo, somos normales. Yo menos que ella, ella más que yo. Somos sobrevivientes y quisiérmos honrar la vida, aunque a veces, se hace muy cuesta arriba saber si debemos seguir refugiadas en la isla o si  podemos volver porque lo raro ya se terminó.

 

Bs As

6-11-06

Published in: on 29 enero 2009 at 9:34 am  Dejar un comentario  

Complejo de Edipo

edipo

Buenos Aires es una pampa repleta de casa.

 

Y, sí

me gustaría encontrar un amante

grande y fuerte

con aspecto de capitán

de la guerra de la independencia

sensible

como George Harrison

en Yellow Submarine.

 

Un amante que quiera ser mi padre,

que sea un hombre inmenso

capaz de cubrirme por completo

de arroparme con su pecho.

 

Un pecho que tenga un corazón

hecho de hierro

e hilos de tejer.

 

Santo Domingo es incontrolable

un desborde

que sólo el mar y la cordillera central

son capaces de frenar.

 

Y quisiera

tener un hombre

grande, muy grande,

mucho más grande que yo.

 

Un hombre

que sea como mi papá pero que no se muera

que juegue con revólveres de madera y plástico

que haya sido capitán de la guerra de la Restauración

que haya luchado en la Guerra de abril

que no esté muerto todavía

 

 

que escuche mis palabras y que sepa que son puras metáforas

que ya no sueñe con la pasión

que se aferre a mi carne y que las desgarre y que no me pida permiso

que vuelva a raptarme

que me obligue a cruzar el continente a lomo de mula

que sea mi padre, mi patria, mi destino.

 

Comallo es un punto iconoclásta en el accidente urbano de la Patagonia.

 

Deseo 

un hombre grande y fuerte

agrario 

hijo primitivo del barro y el desafío.

 

Un amante intermitente

que sepa

que mi carne es suya

y mi palabra mía.

 

Bs As

6-11-06

Published in: on 29 enero 2009 at 9:01 am  Dejar un comentario  

El pájaro del silencio

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Entonces

el pájaro del silencio me hace

tener  miedo de tener miedo

buscar donde no hay

desdibujarme

desfigurarme

huir

esconderme

no encontrarme

volver a empezar

no terminar

llenarme de amargura

a fuerza de ingerir demasiada ironía y lucidez.

 

Ahora

temo

que el pájaro del silencio

se quede a vivir en mi pecho

y

que todas las palabras se deslicen

hacia las enormes burbujas de vacío  

que pueblan el interior de mi cuerpo

y  jueguen a los ecos

con los quinientos planes (de la a a la z)

que guardo escondidos

para verme en el peor escenario

donde siempre,

—como dice el tango—

le pongo un telón al corazón

y

—como decía la abuelita Giraldo—

tengo que ser  fuerte como un  macho.

 

Después

siempre después

el pájaro del silencio vuela

se lleva mi pecho  

entre sus garras

y las palabras salen por el hueco

disparadas

como balas  

sin oficio

sin polígono de tiro

sin blanco

sin negro

sin otro fin

que devolverse

para seguir ahondando

la herida

que es mi pecho.

 

Tarde o temprano

el pájaro del silencio

y las palabras

firmarán un pacto

y acabarán

—por lo menos—

con mi cuerpo

ese mismo

que está lleno de burbujas.

Published in: on 29 enero 2009 at 5:19 am  Dejar un comentario  

El perfume del incesto: esencia literaria, apariencia teatral

escanear0002Uno de los principales defectos del estructuralismo fue justamente su rigidez, o su pretensión de convertir a la crítica, o a cualquier poética que diera cuenta de la creación artística, en algo demasiado limitado, vale decir un cuento se convertía en un andamio compuesto par principio, nudo y desenlace y un par más de agentes morfológicos creados por los duendes del cerebro de Propp, aniquilando todo espíritu, toda divinidad que se apodera del texto. Sin embargo, este tipo de esquemas ha sido y es muy útil para delimitar, para explicar y para justificar juicios, opiniones y, sobre todo, para conferirle autoridad a las técnicas (escritura, actuación, dibujo, etc.) que deben ser ejecutadas de manera correcta para que se manifieste la verdadera esencia del arte, que habita sin duda en los creadores.

Luego de la lectura del primer párrafo, se preguntaran cuál es la relación entre El perfume del incesto, el título de la crítica, y los defectos y virtudes del estructuralismo. Paso a explicar: un autor de teatro es un doble esclavo, por un lado hace literatura y por otro necesita de toda una serie de individuos que conviertan realmente su texto en teatro. De no ser así, la letra escrita no pertenecería al género dramático, pues podríamos, ateniéndonos a definiciones estructuralistas, afirmar que ha sido creado para ser representado. Es más, la pieza queda en una especie de limbo, no es poética, aunque contenga poesía (Shakespeare), no es narrativa, por razones obvias. Una obra de teatro “es” literatura, pero se completa, con la representación. No siempre gana, pero alcanza su completud.

En el caso de Giovanny Cruz, sucede algo muy particular, pues él es, además, director, y construye el texto dramático de su propia obra, con lo cual hay una serie de factores que se le escapan de las manos para que su concepto se transmita tal cual lo desea, o mejor sería decir: tal cual lo pide “su” letra. El perfume del incesto es una maravilla literaria, más adelante lo explicaré, pero se desvanece cuando aparece como puesta en escena. Dejando de lado la musicalización, la escenografía y el vestuario que se corresponden con el texto, los actores, a excepción de Giamilka Román, en algunos momentos, destrozan la belleza de las palabras y la esencia de la pieza, por un exceso de sobreactuación o de ausencia de actuación, que es lo mismo, pero no es igual. No tiene mucho sentido especular sobre las causas, tal vez poco tiempo para construir los personajes o quizás una falla del director que no pudo separarse de la pieza literaria para que se convirtiera en actuación y se conformó con oír su texto…

Pero vamos a la mejor parte: El perfume del incesto como maravilla literaria, modernamente clásica, contemporánea en su temática y en su planteamiento meta-teatral, muy bien estructurada, clara para contar la historia, transparente en las estampas filosóficas y sicológicas y de un manejo del lenguaje lírico asombroso. Voy a enumerar algunos de los elementos que le dan cuerpo, fuerza, valor y belleza: el tema de la mujer-actriz trasciende ala anécdota, sino que se compromete con la creación de un alter ego, una escritora y directora, que es sin duda el autor, pero que intenta y logra metamorfosearse en la piel de la mujer, no es solo un punto de vista para contar, es una transformación certera para comprender. No en vano para construir su pieza se sumergió en la vida de María Félix y tal vez observó tantas otras.

El incesto es un mito clásico, al igual que el de Sísifo, ambos presentes desde el principio en el arte dramático. ¿Acaso el actor no lleva la piedra hasta lo alto de la montaña, sabiendo que mañana (en la próxima función) tendrá que volver a hacerlo? ¿Acaso el intento continuo de seducir al público no legaliza el narcisismo, el incesto y otras patologías descriptas por el Dr. Freud y padecidas por Edipo, Electra y tantos mortales? Sin duda, meterse con estos tópicos no es cosa sencilla ni placentera, porque, como plantea Camus en su ensayo El mito de Sísifo (fuente de Giovanny Cruz), el verdadero y único dilema de la filosofía es determinar si la vida merece ser vivida, y quien conoce la verdad es presa de ella. Si no, recordemos lo burgués que era Marx cuando ignoraba la existencia de la plusvalía.

Quisiera seguir extendiendo los alcances aromáticos de El perfume del incesto, pero el espacio me lo impide, así que, para concluir, haré una pequeña descripción técnica de algunos de los elementos de estructura dramática que la hacen clásica y contemporánea a la vez, además del tema. En escena tenemos tres actores, típico del teatro griego y romano, tres actores que representaban a todos los personajes. Igual sucede aquí, sin embargo, los actores se transforman frente a nuestros ojos.

La trama está fuertemente estructurada: planteo, conflicto y anagnóresis, casi la receta de Platón, aunque el reconocimiento del personaje principal no presupone algo interior o descubrir su destino, sino enfrentarse a la traición, traición que no se ejecuta pues el destino moderno no es implacable, sino que conoce la piedad y adora el factor sorpresa. El perfume del incesto alcanza su ser en la literatura como texto dramático, no como poema o cuento, y se desvanece un poco en este traicionero juego de las apariencias, que cuenta con luces, gestos, sonidos y el perfume de varios incestos.

Temporada de teatro 2000-2001

TÍTULO: El perfume del incesto

AUTOR Y DIRECTOR: Giovanny Cruz

ELENCO: Karina Noble, Giamilka Román y Victor Pinales

LUGAR Y FECHAS: Sala Ravelo, del 8 de septiembre al 1 de octubre

ESCENOGRAFÍA Y DISEÑO DE LUCES: Lina Hoelpelman

BANDA SONORA: Nivangio Zurc

Publicado originalmente en la sección “Desde la platea”, del suplemento “Ventana”, del Listín Diario, 24 de septiembre de 2000, p. 9.

Published in: on 27 enero 2009 at 2:58 pm  Dejar un comentario  
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Cuatro viajeras, una sola actriz

viajeras07_300Dicen, se dice y te lo dicen: “lo que cuenta es la intención”. Y todos, absolutamente todos, sabemos o percibimos que siempre hay cierta condescendencia detrás de la frase y, valga la redundancia, detrás de la intención de quienes nos la dicen. Entonces, apelando a la más absoluta crudeza, que se merece el trabajo de María Isabel Bosch y Jorge Merzari, creo que la intención es una excusa (muy loable por cierto) para sorprendernos y emocionarnos con una excelente puesta en escena de teatro unipersonal. Es tan así, que toda la parafernalia ideológica que ha rodeado a la obra, se diluye, gracias a Dios, cuando nos sentamos a sufrir con estas cuatro viajeras despojadas de todo, excepto de la maldición de su sexo estereotipado. Y digo, y con toda intención: el primer compromiso del artista es hacer su labor específica (actuar, dirigir, pintar, bailar, etc.), bien de manera profesional, con los parámetros estéticos a los que quiera adscribirse, pero con alguno, respetando al público y a sí mismo.

Pues sin duda, cualquiera que sea el mensaje que desea transmitir, lo hará de manera certera. Primero, educar en el arte, del resto se ocupan las conciencias, los libros de historia, las noticias y el arte mismo, aunque de manera sutil y subliminal. Las viajeras, sin duda, cree nacer de una necesidad social, a mí se me ocurre que brota de las entrañas de alguien que necesita subirse a un escenario y, en la tragedia de estas cuatro mujeres, encontró una voz. Y no lo contrario.

Entonces, vamos a lo nuestro: el teatro. La pieza se estructura claramente a través de la música, unos versos de González Tuñón, cuatro personajes, una actriz apenas cubierta por unas mallas del color de su piel y paños blancos que van cobrando diferentes funciones tanto metafóricas como de un vínculo referencial definido. Sucede todo en un escenario despojado, vacío, negro, abismal. Las voces anteceden la actuación. Intuimos la desgracia. Luego, y por espacio de tres minutos, la que vino a decir, no dice, se mueve, a través de las notas de una composición musical tan triste como un invierno polaco. No hay duda, quien iba a llorar, tiene las lágrimas en las mejillas. Y eso que estamos al final   de la obertura.

Cuatro son las viajeras: Yuberquis, Reytania, Inés y Elsa. Cuatro son los engaños. Una ciudad: Buenos Aires, Argentina o Algentina o Aigentina o Aguentina. Unos cuantos problemas: la prostitución, la estafa, la ignorancia y, lo más desgarrador, los sueños. Las historias, las de siempre, las de las estadísticas, las de los argumentos de películas, las de los informes de las onegés. La forma, el tratamiento, entre Stanislasvki y Barba. EI primero a la hora de construir los personajes, y el segundo en la concepción general de la pieza. EI resultado: un producto justo, editado, medido, poético, o sea, correctamente dirigido. EI detalle perfeccionista que acota la crítica: quizá se nota demasiado el corte, entre la interpretación naturalista y los elementos del tercer teatro. Le faltó quizá algo de síntesis, algo que algunos llaman estilo propio o personalidad. Sin duda esto se adquiere con el tiempo y la experiencia…, talento y seriedad sobran.

María Isabel Bosch florece en cada una de estas mujeres, en cada carta imaginaria a la otra, a la que se quedó. Explota, en las diferentes voces que salen desde el fondo de las cuerdas vocales perfectamente diferenciadas y rotundas. Se pierde y se deja seducir por la inocencia de los acentos. Anida en su cuerpo la desolación del frío, la distancia y el hambre. Se enreda en los mantos blancos para salir transmutada en otra, que es la misma. Encuentra el cansancio y la resignación en los versos de Tuñón, que repite y repite. Se pierde en la misma oscuridad de la que emergió para encontrarnos, para acercarnos a las vías de un tren que mata aquí o allá. A un tren que transporta la dulzura de esas esperanzas que acaban por aniquilar a cualquiera, en cualquier parte. Un tren con melodías conocidas. Un tren que no se detiene. Dicen, se dice, me lo han dicho, que la obra de arte contemporánea es abierta, polisémica, que en cada receptor genera diferentes respuestas y que esas respuestas son parte misma de la obra. La señora que se sentó a mi lado sufría. A cada rato comentaba: “Esto si es grande”. Las jóvenes de atrás, repetían los versos de la mosca aplastada. Unos muchachones de más atrás aprovecharon la oscuridad para vocear, quizá el tema los puso nerviosos, quizá la remesa que reciben en la casa provenga de alguna hermana…

A mí, particularmente, me puso a imaginar a unas cuantas Altagracias que conozco bien, vagando por las calles de un Buenos Aires que conozco, también, bien, y temblé. Pero no me conmoví por la idea, sino porque Las Viajeras es teatro. El resto, son buenas intenciones.

Publicado originalmente en la sección “DESDE LA PLATEA”, del suplemento dominical “Ventana” del periódico Listín Diario, Santo Domingo, República Dominicana, el 24 de marzo de 2002, p. 6

Published in: on 5 enero 2009 at 3:58 pm  Dejar un comentario  
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“Extremos”: Tres mujeres y la bestia al borde de los extremos

Crítica a la obra “Extremos”, de Teatro Estudio Internacional, que se presenta hoy alas 8:30 p.m., en la Sala Ravelo, por última vez.

La irrupción del deseo más animal, de la pulsión más bestial, en la aparente calma de los suburbios es un tópico muy bien trabajado por el cine norteamericano, desde los “thriller” hasta los policiales. Si a este malestar se lo lleva al teatro y se le suman todas las miserias humanas que se liberan de las personas que ostentan normalidad, un ambiente (mico y datos estadísticos que documenten los hechos, estamos en presencia de todo un estilo de corte sociológico y sicologista que se remonta a O’Neill, Williams, Miller y hasta Sheppard, con algo de la relectura de Brecht a cargo de Weiss.

“Extremos” de William Mastrosimone no escapa de esta clasificación, pues tenemos a un violador que rompe la calma, una mujer que no llega a ser violada pero que libera una serie de sentimientos tremendos, dos amigas que también destilan sus propios prejuicios y miserias, diálogos sobre las estadísticas policiales y judiciales, pero sobre todo aparece la frustración frente al sueño americano.

La pieza es contemporánea, por lo tanto agrega otros elementos de conflicto social como el sexismo (por momentos las conversaciones entre el violador y la mujer son idénticos a los de una pareja de esposos), la justicia por la propia mano y cuestiones de ética frente a la vida. Sin embargo, al ser traducida y adaptada a nuestra lengua y por ende a nuestra cultura “latina en Norteamérica” agrega un ingrediente trágico aun más fuerte.

La compañía Teatro Estudio Internacional ya se ha presentado en Santo Domingo con otros dos montajes: “Yerbamala” y “La señorita Julia”, de alguna manera ambas recogen esta misma atmósfera, esta misma intención, aunque con claves diferentes, de mostrar con el microscopio las pasiones humanas y lo que ellas despiertan. “Extremos” se mantiene dentro de este planteamiento estético e ideológico, el cual se apoya fuertemente en el alcance certero de las actuaciones, en este caso de corte hiperrealista. El público siente hasta la respiración, los latidos, la furia que crece en cada uno de los invitados a esta fiesta siniestra.

La historia se desprende de los diálogos y las acciones, del contraste entre los hechos y la simulación escenográfica de un hogar campestre apacible, de las manipulaciones, de las idas y vueltas y de los extremos a que llegan los protagonistas. La verosimilitud que alcanza la obra radica, fundamentalmente, en el trabajo de construcción de personajes que ha hecho el director Mario Colón con sus actores. Coco Núñez, la mujer que intenta ser violada, lleva esta carga a la perfección: se sube cuando amerita, baja, ironiza, está segura y duda. Pero sobre todo, sabe colocarse en el lugar perfecto para ser la verduga y la víctima, la intolerante, la loca, la provocadora y, finalmente, es la única que comprende, porque estuvo del otro lado, cruzó la raya, salió de su modorra pequeño burguesa y se atrevió a odiar a querer matar. No hay duda que su actuación es en extremo profesional. Roy Arias, el violador, destila entrenamiento corporal y vocal. Se transforma en la bestia desde un lugar lastimoso, desde la visión de un campesino cibaeño en Nueva York, desde la ilegalidad de la legalidad, desde el enorme dolor de querer y no poder, desde el niño al que no lo dejan salir a jugar porque todas esas muñecas son de los otros. Juega con la postura corporal del servidor embrutecido y la del tigre resentido y traicionado por su propia génesis. En su caracterización se patentiza esta dualidad casi sicopática que desata el conflicto real de la obra, que sin duda no es el intento de violación.

Isabel Polanco y Mirtha Martín aparecen en escena (llegan a la casa que comparten las tres) y con sus respectivas idiosincrasias comienzan a participar de algo que no quieren: la tortura que le propina la víctima al supuesto victimario. Isabel Polanco, por momentos sobreactúa su aniñado personaje y falla en el clímax de su propia interpretación: cuando revela que fue violada por el padre de su mejor amiga. Es evidente que no es fácil sostener esa confesión en medio de tanta tragedia. Tal vez el error radica en el texto, tal vez se extiende demasiado y los personajes secundarios debieron ser catalizadores, no agregar sus propios conflictos.

Mirtha Martín exagera su propia nacionalidad. No lo hace mal, pero por momentos no se puede saber a ciencia cierta si ha construido este personaje o si lo trae puesto. Como sea, su participación agrega algo de la visión omnipotente y delirante, que tenemos los argentinos, de las situaciones conflictivas. Visión que lleva los anteojos (espejuelos) del sicologicismo a ultranza y desmedido, visión, que por otra parte, muchas veces no quiere cederle el paso a la realidad. Ella todo el tiempo intenta instaurar sus propias reglas, haciendo creer de manera paternalista, que le está haciendo caso a los otros.

La puesta en escena se puede catalogar de buen trabajo, a pesar de la extensión desmedida del texto, de algunos momentos de extrañamiento innecesarios y de la poca propuesta metafórica del autor, aunque no podemos negar la originalidad en el vuelco de la situación. Las tres mujeres y la bestia logran empujarnos a un borde, a cualquiera de los extremos que nuestra sensibilidad y razonamiento nos permitan alcanzar.

Publicado originalmente en la sección “DESDE LA PLATEA”, del suplemento dominical “Ventana” del periódico Listín Diario, Santo Domingo, República Dominicana, el 19 de agosto del 2001.


Published in: on 5 enero 2009 at 11:57 am  Dejar un comentario  
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Boquitas pintadas en el laberinto de la mujer araña


Critica a la obra “Pintada de rojo” que se presenta por última vez esta noche a las 8:30, en la Sala Ravelo del Teatro Nacional.

En algo me rebotó el pensamiento, en algo sólido y doloroso, tan genial y aterrador como las obras de Manuel Puig, ambas congeladas en la pantalla grande. En “Boquitas pintadas” el tema es la prostitución y sus menudencias, en “EI beso de la mujer arana” es el encierro, la fantasía de escapar las corrupciones, represiones, transgresiones sexuales y sus miserias discriminadas. Sin duda, en algún recoveco se perdió mi mente, mientras evoco la pieza teatral de la venezolana Jacqueline Briceño, “Labiales de rojo”, rebautizada: “Pintadas de rojo” por Elvira Taveras, directora del montaje que se presenta en la sala Ravelo. Isabel Spencer y Olga Bucarelli se perdieron por el callejón oscuro que implica, sin duda, la caracterización de estos dos personajes virados al rojo sangre: la jueza y la “cuero”.

La historia que nos revelan estas dos mujeres a través de sus diálogos y sus cuerpos es conocida, veraz y, hasta sencilla, en términos de trama: Isabel Spencer es la novia de los estudiantes, la madre de la hija del italiano dueño de la barra y la protegida de algún chulo que le pega. Olga Bucarelli fue la novia de los profesores que le dictaban los exámenes, es la jueza de la televisión, la empleada de un diputado pederasta y será el cadáver soñado por algunos sicarios. Sin embargo, el encierro en el baño de la barra hará las suyas, un baño diseñado por Mónica Ferreras, con pared de zinc que devuelven un ref1ejo distorsionado de los deseos de las protagonistas, deseos que vuelven con la forma más cínica de la realidad: el destino.

La desgracia personal se convierte en tragedia social. La prostituta, que no puede escaparse de su melodrama, sueña con salvar a su hija. La jueza, que se esconde de la muerte la encuentra en el escondite. En síntesis: en su afán por salirse del juego la pobrecita se convierte en asesina y la representante de la justicia, en el cuerpo del delito. Termina el cuento, pero antes se tejieron fantasías, se confesaron sus vidas, se emborracharon, se cambiaron de vestuario, una se fue convirtiendo en la otra y por supuesto se pintaron las bocas de un rojo fuerte e intenso.

Hasta aquí la propuesta literaria de la autora, vista a través de las actrices y la concepción de la directora. Hasta aquí un planteo profundo, desafiante y comprometido con lo contemporáneo, tanto en el contenido como en la forma. Hasta aquí un estreno mundial de un trabajo que tiene siete años de vida y que fue entregado a Elvira Taveras en Caracas de manos de la propia Jacqueline Briceño, luego de verla en su trabajo sobre Lorca. Ahora las acotaciones de la observadora crítica, sin dejar de admitir que todo lo antes mencionado no es en absoluto información objetiva, sino que esta tamizado por el aumento de mis lentes, que cada día es mayor. El texto en sí tiene algún problema al final, pues debe resolver el nudo sin salir del baño y sin agregar personajes, con lo cual acelera la fricción entre las mujeres. De alguna manera, el asesinato accidental de la Jueza es precipitado, algo torpe y hasta inverosímil. Lamentablemente esto tiene su correlato en la puesta, el momento más flojo se da cuando los dos personajes forcejean y esta nota desafinada, lleva consigo algo más y es la caída abrupta del final. Vale decir, que la carga trágica del final se minimiza, se diluye, a raíz de esta mala resolución del conflicto.

Las actuaciones son impecables. Isabel Spencer no deja de sorprender con su capacidad para crear personajes, con su ductilidad corporal, con su disciplina. Aunque debe cuidarse un poco de no caer en las garras del facilismo gracioso y sobre actuado que, sin duda, a veces viene al caso, quizás deba trabajar más la construcción de lo trágico y clavar con mayor certeza en el blanco, que es la psiquis de los espectadores. Creo, que es hora de que algún director vaya pensando en algún unipersonal para esta joven, nos lo merecemos. Olga Bucarelli, es una actriz experimentada y lo demuestra en este montaje. Nos presenta una mujer con poder: dura, solitaria y desdoblada. Desde su timbre de voz, hasta su postura son adecuados para esta jueza pelirroja y omnipotente.

Elvira Taveras construyó su poema escénico con sensibilidad y certeza. La música y el espacio funcionan agregando sentido, no ilustrando. El vestuario, el maquillaje y todos los anexos de las actrices tienen algo de escultórico, las asemejan a esos muñecos vivientes inmóviles que son, más allá de las palabras y los gestos. La iluminación tuvo sus bemoles, no solo algunos errores, sino que pudo haber hecho algún cambio más drástico al final. En fin, que felicidad produce ver actrices que se atreven a dirigir con tanta garra y aires renovados como Elvira Taveras, Carlota Carretero y María Castillo, si se me queda alguna lo siento.

“Quiero el beso de tus boquitas pintadas”, dice algún chulo tarareando a Gardel, apoyado en el borde de una barra, mientras detesta su propio objeto de deseo y en el acto mismo de besar se siente devorado por la mítica mujer araña. Sin duda, “Pintadas de rojo” me remite a Manuel Puig, aunque nos brinda una perspectiva netamente femenina para una dilema universal: el destino trágico.
Publicado originalmente en la sección “DESDE LA PLATEA”, del suplemento dominical “Ventana” del periódico Listín Diario, Santo Domingo, República Dominicana, el 3 de julio de 2001, passim.

Published in: on 5 enero 2009 at 11:23 am  Dejar un comentario  
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Dominicanish

La conmoción de la entrega:
esta propuesta del “tíguere”
sí pudo dar el salto tántrico

Crítica a la obra de la actriz dominicana residente en Nueva York, Josefina Báez, la cual forma parte de la muestra internacional de performance que cura Alanna Lockward en el III Festival Internacional de Teatro, bajo el nombre de “Días hábiles” y que ya anuncia la IV Bienal del Caribe

“La historia no borra nunca aquello que oculta”, escribe con la sabiduría de la deconstrucción Jaques Derrida en “Dar la muerte”. Lo oculto aparece a pesar de si mismo y a pesar de la energía que se utiliza para reprimir. La última frase del performance, “Dominicanish”, de Josefina Báez: “Here I am chewing english and spitting spanish” (aquí estoy mascando inglés y escupiendo español), la melodía de “Compadre Pedro Juan” vuelta nostalgia en las notas minimalistas de una trompeta y hasta a la necesidad corporal de la danza kuchipudi son una materialización conmovedora del acierto conceptual de Derrida. La historia de una niña de La Romana o de Washington Heights, de una adolescente amante de Billie Holiday, de una mujer poeta, de una persona que elige el lenguaje de la danza ritual hindú y de un espíritu libre que medita y se entrega en un acto de absoluta vulnerabilidad, no ha podido ser borrada. Es más, la fuerza de lo oculto enriqueció la historia.

El performance nos sorprendió, a pesar de que sabíamos lugar y hora, fue en un día no hábil: noche de sábado. Muchos se preguntaron por que no llamamos montaje u obra a la presentación de Josefina y bueno, no es por un mero hecho de resemantización, ni por usar terminologías “cool”, es porque eso es un performance. ¿Y por que? Pues quien se sube ahí no interpreta un texto, ni representa una realidad preexistente sino que asume un rol e inventa una nueva posibilidad que conmueve a todos los sentidos, tanto los del espectador como los de la performera. Hay una apuesta a la vulnerabilidad a la exposición, que si bien se encauza en técnicas, tiene como caudal energético el cuerpo del actor y su propia historia (términos en realidad indisolubles).

Otro ejemplo paradigmatico fue “Itsi Bitsi” del Odin Teatret. No quisiera abundar en las coincidencias interpretativas (energía, balance, trabajo de los pies, de las manos, niveles de exposición personal, componentes musicales, varios niveles de lecturas, problemática de la palabra, etc.) de ambos trabajos, pero las hay.

Sin embargo, Josefma Báez es nuestra y los referentes culturales y afectivos nos son más próximos. La inmigración, la diáspora, los y las ‘dominican york’, el aquí, el allá y viceversa, nos ubican inmediatamente en terreno conocido y nos entregamos a este espacio temporal de la nostalgia asumida, y reímos y lloramos, pero jamás caemos en las redes de la ironía, del relajo vulgar, del lugar común: cadenas de oro, tenis con luces y maletas repletas de zapatos. Y justamente, no caemos porque no nos tiran, porque creo que, en esta propuesta, el ‘tíguere’ sí pudo dar el salto tántrico. Tal vez porque la voz de la poesía, mas la poética de la existencia, más la sinceridad del cuerpo, junto con el ojo certero de Claudio Mir, su director, nos brindaron cuadros de una exposición; cuadros que desconstruyeron las estampas costumbristas y se enredaron en las melodías reconocibles y se constituyeron en metáfora de un ‘dominican poets cafe’, y fueron referentes de su propia pisada en la grama, y fueron las caras de nuestros hijos, que todavía sueñan con irse antes de nacer.

“Dominicanish” no se merece el desencanto del ojo técnico, de la razón que busca la historia con mayúsculas. Podría discurrir sobre el contraste que provoca el atuendo (vestuario no le cabe), o sea como se ve a sí misma la mujer (vestido formal y perlas) y como es vista por los otros (un jean a mitad de la nalga y unos enormes aretes dorados). La elección dignifica. También cabrían enumeraciones enciclopédicas sobre el uso de la voz, la coreografía y los juegos de palabras que pueblan el texto escrito. Pero no, prefiero apuntar a la tensión entre la palabra en inglés, el cuerpo en merengue y la posibilidad expresiva de la danza hindú, claro esta con sus modificaciones y adecuaciones a la intérprete y la pieza.

Publicado originalmente en la sección “DESDE LA PLATEA”, del suplemento dominical “Ventana” del periódico Listín Diario, Santo Domingo, República Dominicana, el 21 de octubre de 2001, p. 1.

Published in: on 5 enero 2009 at 11:01 am  Dejar un comentario  
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