Asociaciones libres en busca de la coherencia del delirio de Juana, la loca

JuanaHistoria Clínica 

(según el programa de mano del V Festival de Bolsillo del Teatro Guloya)
Juana, una locura de amor

Intérpretes: Lorena Oliva y Canek Denis
Dramaturgia:
Pepe Cibrián Campoy
Dirección:
Manuel Chapuseaux
Regidor:
Germán Venegas
Diseño de Luces:
Ernesto López

 

Constelaciones Familiares

En el país donde nací, donde nació Lorena Oliva y donde se crió y vive el dramaturgo de la obra que hoy nos ocupa (quien por circunstancias del teatro nació en Cuba), Pepe Cibrián Campoy, es un país no solo apasionado por el futbol, sino por el psicoanálisis. Y como los sicólogos, siquiatras y sicoanalistas crecen como las matas, en todas las familias hay uno y si no es miembro sanguíneo de la familia lo es por amistad. Y como mi familia no era la excepción, teníamos una tía postiza que era siquiatra y un día escucho que le dice a mi mamá (no recuerdo el contexto): “Para poder sacar a un sicótico de su delirio hay que ayudarlo a encontrar la coherencia de su discurso a través de la asociación libre.” Cuando escuché esto, inmediatamente, me metí en la conversación y pregunté: “Pero Juana (juro que así se llamaba la tía postiza) cómo se va a buscar coherencia usando la asociación libre.”

Antes de su respuesta se sobrevino el sermón de mi madre amonestándome por interrumpir conversaciones de adultos (yo tenía 24 años) pero para las madres una nunca es adulta. Juana, la siquiatra, me respondió: “Asociación libre no significa incoherencia, sino muy por el contrario es la posibilidad de encontrar la coherencia de cada individuo, más allá de los mandatos sociales establecido como coherentes y por ende sanos o como mejor se los conoce normales.” Entonces, le dije, “el delirio es coherente”, a lo que ella respondió: “el delirio es coherente en sí mismo porque tiene sus reglas de construcción, su génesis, su sentido, pero se inscribe dentro de una norma social que lo convierte en locura”. Juana dijo y dijo mucha más cosas que no vienen al caso, un día se fue a España a casarse pero volvió sola y triste, la habían engañado. No se volvió loca, pero siguió trabajando con locos.

Y si extremo mi propia asociación que abreva en varias décadas de vida alfabetizada e informada, Juana, la loca, es un personaje de los libros de historia, es un obra de Manuel Rueda que ganó el Tirso de Molina, es una época de España con judíos y árabes expulsados y con llegadas violentas a América y con traiciones y venenos y locura en la corte y la Santa Inquisición como instrumento de Roma que estaba pero que no ponía el cuerpo, el cuerpo lo ponían evidentemente otros. Entonces, desde esta perspectiva ya no podemos decir Juana, la histórica, porque la historia se transforma en una mirada muy peculiar de una época sobre otra.

Juana es (desde todos nuestros ahoras) un elemento que reúne las condiciones objetivas y subjetivas (leer cualquier panfleto editado en Cuba para adoctrinarnos en marxismo) para traer a nuestra escena la construcción de dos discursos contrapuestos: el de la normalidad y el delirante, el de la locura. Pero sucede que para algunos de nosotros como la actriz, el dramaturgo, el director y gran parte del público, la locura estaba en el discurso oficial y lo normal estaba en el discurso de Juana. De manera tal que traer la “locura de Juana” a la escena contemporánea es una apuesta muy fuerte de cambio de signo.

Dicho esto, hablemos un poco del autor del texto, Pepe Cibrián Campoy, pertenece a una casta, a una estirpe de actores, recorrió lo que fue el gran imperio español. Su madre nació en Colombia de padres españoles que andaban de gira, se cría en España, conoce al padre de nuestro autor en Nicaragua, también actor de gira, que es argentino y siguiendo la asociación geográfica dan a luz a Pepe en Cuba, última colonia de España. Toda la familia vive en Buenos Aires, donde son inmensamente reconocidos en cine, teatro y televisión. Opta )si es lícito decirlo) por una carrera en los musicales, digamos que es el referente de los musicales y dirige, actúa y escribe varias piezas, entre las que está Loca, así la titula, un unipersonal escrito en 2012. Obviamente la llevo a la escena, un personaje así no escribe de balde. Su opción fue con la actriz Palmer Palmer, que no me detendré a contar su historia pero es bien interesante la biografía de la actriz y la de Juana.

 

Nuestra propia historia

También dicen por ahí que la asociación libre para entender el delirio sirve como cura de la herida, pues si a partir de encontrar el sentido del delirio se es capaz de construir una historia e inscribirla con astucia dentro del discurso hegemónico y aspirar a ser escuchado y tomado en cuenta; entonces se cambia el signo no hay locura y a lo sumo se es el raro, el artista, el diferente.

Si por razones objetivas y subjetivas (volver a leer el panfleto sobre marxismo antes mencionado) esto no sucede persiste el delirio y el individuo o el grupo son aislados hasta morir y quizá con suerte su delirio será reutilizado en otra época, en otro tiempo para cambiar o justificar un cambio de discurso. Esto pasa hoy por hoy con Juana, su delirio hoy nos sirve para construir un nuevo discurso con respecto a la mujer, a las minorías al papel central del amor, del afecto.

De lo que podemos concluir que en la historia reina un principio ecológico, nada se pierde, todo se transforma o dicho de manera más popular espere a morirse que quizá nombren un parque con su poema.

Y la familia y las asociaciones se extienden hasta nosotros, hasta nuestra realidad dominicana con tantos feminicidios, con tanta dificultad para incorporar nuevos discursos, discursos diferentes que al salirse de la norma son descartados por delirantes. Y aún peor, con tanto deseo caníbal de instaurar nuestros propios discursos para aniquilar al otro y tildarlo de delirante inmediatamente pierde el poder.  Aquí y ahora irrumpe Juana, una locura de amor, envuelta en los paños polisémicos que propone Manuel Chapuseaux y que Lorena Oliva y Canek Denis les dan vida y sentido.

 

Es obvio que en esta propuesta de asociación libre, no recordar lo que dije el sábado pasado con respecto a la otra pieza que vine a comentar: Johanna Padana y el descubrimiento de América, que también dirigió Manuel, es traicionar el método. También una mujer diferente, también la época de la despiadada conquista, también su impronta: sencillez y claridad en el mensaje, actor o actriz como supremo recurso, evidencia permanente de la no mímesis de lo real, polisemia de los elementos y ante todo y sobre todo no apostar al virtuosismo.
Me explico, en las puestas de Manuel, nunca he encontrado fanfarronería, ni virtuosismo, hay un esfuerzo desmedido porque no se note el esfuerzo, es el gesto del teatro popular, del teatro callejero, un sombrero, una silla y una historia y arrancamos. Ahí está todo el trabajo imaginable con el sudor incluido, pero simplemente no se nota, no nos salpica el sudor, no hay un deseo de transmitir un pathos griego de tragedia inconmensurable que solo le pasa a los elegidos. No, todo lo contrario es poner en escena una tragedia inconmensurable que le pasa a cualquiera, incluso a una reina.

Teniendo en cuenta esta clave, que a mí se me antoja cierta, (ahorita Manuel me manda pal carajo) cobra sentido la elección de incluir a Canek en el montaje, habiendo sido el texto concebido como unipersonal para una actriz, que hizo gala de virtuosismo, de pathos, que encarnó la historia desde el ego herido de una que se sabe reina, desde tengan compasión de mí, no desde esto le pasa a cualquiera.

Manuel en su decisión de montaje con respecto al texto hace que la historia sea de todos y le pueda pasar a cualquiera. Una interpretación muy cargada de virtuosismo escénico nos lleva a admirar al ejecutante pero no necesariamente a dejar que la situación se nos adentre, a entender que eso que pasa ahí, le pasa a todo el mundo. Manuel hace obvio lo teatral pero acerca el fluir de la vida al teatro con la simplicidad no solo en lo dicho sino en el cómo se dice. Y esto es un desafío muy grande para todos los integrantes incluido el público. Creo que llevo casi 20 años viendo el trabajo de Manuel y recién ahora, en este preciso momento que escribo, me estoy dando cuenta de esto. Parece que el método de papá Freud robado a los surrealistas está funcionando.

Por lo tanto, esto nos lleva a ver todo el montaje en esta clave. Lorena es Juana, encarna a Juna, es la actuación, es la que ejecuta la historia y a su marido, es a la que le sucede la historia pues representa diferentes momentos de la vida de Juna. Enuncia desde la vejez, pero evoca su niñez, juventud, su madurez. Pero todo esto desde la calma de la vejez y el encierro, en un tono bajo, cansino, con momentos de derroche energético para los puntos culmines como cuando va en barco a casarse con Felipe (imagen impresionante), a quien ya ama por la belleza de un retrato o al final cuando confiesa su crimen. Cada una de las Juanas se construye a partir de sus estados de ánimo: ilusión, celos, rencor, no se apuesta tanto a la voz o la postura corporal. Es una construcción a partir del afecto, una especie de como sí bizarro al servicio del contar. Lorena es la condición subjetiva.

Por el otro lado, Canek, es el texto, es la historia, es la condición objetiva. Ninguna de las líneas, en el texto mismo, dan cuenta de subjetividades. Son líneas que nos pintan el contexto histórico, los hechos. Por tanto se meten en la escena como tales. Canek no interpreta los personajes, de hecho no hay personajes, hay un realidad (madre reina, doncellas, marido infiel, Inquisición, Imperio Español, Carlos V) que engendraron a Juana y en la puesta en escena eso se traduce en una no interpretación, sino simplemente en una teatralización que parece hacer nada pero no es nada o es actuar la nada, que no es lo mismo.  Por tal razón está de negro, es la parte negra de la historia de Juana, es quien le da el paño negro, que ella intenta re significar pero que la controla, la encierra. Es además una figura que Juana no ve, es el fantasma que no se puede atrapar, que no da satisfacción y por ende generan el famoso trauma.

Juana blanca, historia negra, solo un extraño mapa antiguo o tapiz  de un imperio nebuloso cuelga detrás de los actores para que imaginemos, quizá, el imperio de la locura. Una mujer encerrada en una torre en Tordecillas, ciudad donde se firmó aquel tratado en el que España comenzó a perder pedazos del aún no imperio…

Algunos estarán esperando que emita un juicio sobre las actuaciones y a mí no me gustan los juicios, para eso las cortes y en las cortes ya vemos lo que pasa, prefiero mantenerme alejada de ellas, además nunca me van a invitar. Creo, estimo y me parece, que este delirio de arte que es esta pieza y que empieza con la historia de Juana y sigue con el dramaturgo y pasa ahora por nuestras costas y juega en la cabeza de Manuel y en los cuerpos, la voz y el alma de Lorena y Canek es un delirio al que le encontré coherencia y eso a mí me basta.

Entonces, mis estimados me voy a ir apagando, porque el problema con el método que he propuesto, la asociación libre para coherentizar el delirio, es que una también termina delirando y no quiero volver donde la siquiatra para que en lo que le encuentre coherencia a mi delirio, me encierre como a Juana.

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Published in: on 6 diciembre 2014 at 11:57 am  Dejar un comentario  
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Las aventuras y desventuras de una pícara al inicio de América o el maravilloso mestizaje que somos

johana padana

Hechos (y algunos apóstoles rebeldes)
Montaje de Johana Padana durante el Festival de Bolsillo en el Teatro Guloya en septiembre de 2014. Texto: Darío Fo, dirección: Manuel Chapuseaux y actuación: Patricia Muñoz.

Darío Fo: texto,  contexto (y algunas pinceladas ideológicas)
Dos recuerdos, mejor dicho, un recuerdo y una cita. El recuerdo,   frente a una vitrina de una agencia  heráldica a los ocho años de la mano de mi abuelo. Miro fascinada los escudos dibujados y pintados a mano, debajo de los escudos hay apellidos conocidos, por ejemplo el de mi compañera de banco. Le pregunto a mi abuelo: “nosotros podemos pedir que nos hagan el de nuestra familia.” Mi abuelo, con casi un ironía a lo Fo, me responde si nos lo hicieran sería falso y los que tienen uno verdadero, no viven aquí (refiriéndose a América), se han quedado allá (refiriéndose a Europa).

Y la cita no es otra que la advertencia del propio Dario Fo antes de iniciar su texto narrativo-dramático Joahan Padan a la descoverta de le Americhe: (mi propia traducción del original en italiano): Que quede bien claro que esta no es el típico relato sobre las barbaridades que les hicieron los conquistadores a los indígenas. Muy por el contrario, es la historia de un pueblo de indígenas vencedores. Y casi al final de esta advertencia nos dice que Johan Padan no existió pero sí sucedieron todos los hechos, hechos que relata Cabeza de Vaca entre otros. No olvidemos que Fo escribe esta obra en 1992, 500 años después de 1492 y en ese momento todo era o loas o críticas, él-como siempre- se salió del sistema y dijo lo que quería decir.

Frente a un hecho de la magnitud de la llegada de los europeos a este continente que no se llamaba América, hay varias versiones, las oficiales, las heroicas, las trágicas y las de las gentes del pueblo como Johan Padan y los indios que frente a la llegada de los europeos hasta el cacique pasa a ser uno más, que las circunstancias los arrastran a encontrarse como hermanos de clase (que si no se une va a ser aplastada). Porque sin duda esto es lo que siempre le ha interesado a Fo, saltar los nacionalismos, los regionalismos y hacernos entender que Todas tenemos la misma historia (ver obra de Darío Fo en Wikipedia).

Es muy obvio, al menos para mí, que el tema del descubrimiento de América es un todo un tema, diría que es un tema central en la constitución identitaria de los latinoamericanos como pueblos y como individuos. El propio término descubrimiento nos da alergia a los que nos situamos aquí y no allá. También es evidente que Darío Fo es de allá, aunque de un allá, no tan allá, pues tanto él como su obra se enmarcan claramente en el marxismo (corriente ideológica-filosófica-política) y esto de por sí, implica una crítica antisitema o sea anti eurocentrismo en su caso.

La conjunción de lo ideológico como crítica despiadada y  su ser italiano hasta la tambora le dan a su obra un humor cargado de una ironía absolutamente comprensible que nos arrastra  al delirio. Esto queda claramente ejemplificado en la explicación de los Evangelios que le hace Johan Padan a los indígenas o , por ejemplo,  en la escena de Muerte accidental de un anarquista, donde el anarquista pone a sus futuros asesinos a cantar su marcha: “Cerdo burgués atrás, atrás.”

Podemos decir que para Fo el extremo delirante del humor es su efecto V, porque precisamente en el punto exacto del delirio es cuando podemos darle el grado de reflexión y seriedad que amerita: maltratar mujeres, asesinar anarquistas, esclavizar pueblos tanto a través del trabajo como a través de una trasculturización forzada como fue la evangelización.

Fo selecciona al pícaro europeo para que viva y narre los relstos de conquistadores que por diversas causas quedaron fuera del sistema. El pícaro como el Lazarillo o el Buscón eran las gentes comunes que quedaban atrapadas en los fuegos cruzados de la historia y terminaban ardiendo en la hoguera del anonimato. Pero el tigueraje ha existido siempre y qué mejor tigre que el que sabe con quién aliarse, el tiguere que por azar asume su clase, sin mucha conciencia, a veces.

Manuel Chapuseaux  y Patricia  Muñoz: adaptación, montaje, actuación (y siempre un poco más)
A estas alturas todos sabemos que el texto original tiene como personaje un hombre y que fue la propia Patricia quien hizo la traducción y la adaptación. El trabajo de adaptación sobre el texto no solo que fue muy asertivo, sino y sobre todo, que es creíble, tiene fuerza de verdad. Es sabido que muchas mujeres se escapaban de la inquisición, que llegaban a América o bien disfrazadas de hombres o bien –como en el caso de las judías conversas de Portugal encerradas en conventos- las traían para casarlas con los adelantados con el propósito de impedir que estos legalizaran a las indígenas como esposas. Digamos que en este evento violento no solo se esclavizó a los indígenas y a los africanos.  Casi todos, incluidos los mismos conquistadores, se vieron forzados a entrar a la pesadilla americana, que es esta funesta etapa de la historia, que no ha concluido y  aun sangra.Y  por qué no, una mujer para contarnos y vivir su resistencia.

En la historia hay parejas o tríos que nacieron para serlo, conocemos casos famosos como Ortaga y Gasset, arroz y habichuela, Duarte, Sánchez y Mella. Bueno, creo que Fo, Chapuseaux y Muñoz, aunque no tan famosos, están atados por esos hilos invisibles de los sueños, a los que hace referencia Próspero, antes y después de la tempestad. (Otro al que lo mató la pesadilla americana).

La escuela de Chapuseaux  es el dedo del anillo para montar la vida del pícaro (recordemos tan solo obras emblemáticas de Gayumba: El Lazarillo, Don Quijote, Ubú Rey, etc.). Por otra parte, el lenguaje que maneja Manuel Chapuseaux es el idóneo: el cuentacuento, el teatro popular, el humor comprensible,  la ironía que apunta a la reflexión, la pobreza de elementos y la riqueza de significados de los elementos, el monólogo, el personaje coral, el actor o la actriz como recurso supremo del teatro sobre un espacio desnudo y sobre todo el entretenimiento que sumerge al público en la historia y en permanente reflexión crítica de lo que nos está pasando ahora.

Entonces, en esta fórmula lógica que me he inventado, Muñoz es a Chapuseaux y a Fo, como la luna crece y el sol nace. La actuación es absolutamente orgánica, es casi mimética, porque que quede claro estamos frente a la representación de una pícara que nos cuenta su historia, no frente a la representación de esa historia. Pero en ese contar se revive la historia. Para montar a Dario Fo, cualquiera de sus textos pero sobre todos los monólogos que suelen ser textos narrativo-dramáticos, hay que dejarse traspasar (casi montar) por ese tour de force delirante donde se mezclan las voces de los personajes, las causas y las consecuencias, donde coinciden el evangelio y el culo.

Sin duda Patricia le pone el cuerpo -sin avaricia- a Johana Padana. Nos hace vivir en carne propia la contradicción entre lo que se fue y en lo que uno se convierte, este doloroso pero fantástico proceso de mestizaje cultural que conforman la identidad profunda de nuestra ahora América. Esta América que tiene historias de mujeres, de resistencia, de gentes normales y comunes como todos nosotros que llevamos apellidos de allá pero que no tenemos escudos heráldicos porque somos de acá.

La vagina, de espacio virtual a lugar real

monovaginMonólogos de la vagina es una propuesta escénica para darle la palabra a las mujeres, para que sus experiencias relacionadas a la sexualidad salgan a la luz, se escuchen, se imaginen, se huelan. Manuel Chapuseaux en la dirección y Rita Ginebra en la producción, tienen alborotado Santo Domingo, así como se alborotaron grandes capitales y ciudades periféricas latinoamericanas. La cita es en Casa de Teatro durante todo el mes de octubre. La autora, Eve Ensler, comenzó en Nueva York leyendo ella misma los textos, que son testimonios reales; hoy en día el manifiesto se ha convertido en un fenómeno espectacular premiado por la Fundación Guggenheim y publicado por Planeta en español, obviamente es unbest seller.

Elvira Taveras, una fiera escénica

Son tres ahí arriba, ella está en el medio e irradia belleza, seguridad, tranquilidad y nos atrapa en su enorme y mágica cavidad histriónica, nos lleva a la risa insoportable, nos inunda de lágrimas, nos calma con tan sólo mirarnos. Hay tres momentos memorables en la obra, el texto de la violación, la reivindicación de la palabra “coño” y el final en el que una abuela narra los cambios en la vagina de su nuera durante el parto de su nieto y todos están a cargo de Elvira Taveras, una actriz con respaldo, lleva ganados y merecidos el Casandra y el Talía de Plata.

Manuel Chapuseaux, un domador de fieras

No hay duda que el trabajo de dirección de actrices ha sido sumamente acertado. Así como en el teatro popular se trabaja con los elementos que se tienen, así en esta oportunidad Manuel Chapuseaux, optimizó sus recursos; le entregó a cada integrante del elenco el texto adecuado y resaltó sus habilidades para atrapar la atención del público. La trayectoria del director y miembro fundador del Teatro Gayumba, está llena de premios, giras por el exterior representando al país, pero sobre todo está repleta de profesionalismo y una gigantesca honestidad.

Sé perfectamente que debería escribir de teatro, ese es el papel que me toca representar. Debería referirme al texto, a las actuaciones, a la música, a las luces, a las reacciones del público y si me pongo filosóficamente marxista sería lícito hablar del contexto social que generó a la obra y ahora la ovaciona . También puedo recurrir a Freud y Dolto para darle una lectura psicoanalítica a la falocracia o a la representación inconsciente del cuerpo. Podría subirme a una silla (no soy alta saben) y explicar que la mujer no es un hombre castrado, ni que el clítoris es un pene atrofiado y que ya no hay niñas que creen que le cortaron algo, como parece que sí las había en la Viena hace como cien años.

Sin embargo, creo que escribiré sobre Monólogo de la vagina, pero ahorita. Antes quiero reflexionar sobre cierto malestar o si se quiere incomodidad que me produce todo este boom, incomodidad que por otra parte me da como vergüenza sentir ya que se supone que estoy a favor de que las vaginas hablen. De hecho ya había visto el trabajo en Santiago de Chile, pero el sentimiento general fue el mismo. Me pregunto por qué los monólogos son de la vagina y no de la vulva, las mujeres, el clítoris. Por qué los sinónimos que se le dan, en el imaginario colectivo no hacen referencia a la vagina, sino a lo exterior. Me digo, si es lícito cierto humor en nuestro contexto, que finalmente termina provocando una risa tan morbosa como el comentario del más trascendido de los tígueres.

Y por ahí sigue mi cabeza y mi cuerpo, y sé que no soy la única a la que este fenómeno le causa cierta inestabilidad o que cree que la intención extrateatral y el recurso teatral se vuelve un poco en contra del efecto que desea causar, desde las buenas intenciones. Aunque por otro lado, me digo si se va al encuentro del teatro en busca del morbo, de la novedad, de la moda y allí me encuentro con lo que ando buscando pero además me entero de algo, me sensibilizo, me cuestiono, me desestabilizo, me pregunto (como en mi caso) por qué la vagina si se trata de mucho más. Quizá así se cumple la premisa marxista del arte como catalizador social y no puro esteticismo, o si se quiere el efecto bretchtiano del distanciamiento funciona: hay reflexión y no pura catarsis.

Como dice una mujer a su amante, en uno de los monólogos: “Tú no podrías simplemente metérmelo y dejar de andar urgando por ahí abajo, eso es muy íntimo.” Sería mejor que me metiera a hacer la crítica y dejara de andar urgando en la intimidad de todas/os nosotras/os , eso es justamente lo que provoca malestar: lo íntimo. Y la risa es un excelente amortiguador del malestar, la ironía y el sarcasmo ocultan muy bien los sentimientos y, si se quiere, las lágrimas a veces también. Pero, vamos a lo que vinimos, a meterle la mano a la obra de teatro en sí misma y hacer algo así como la crítica.

Las reflexiones anteriores, también, son parte de la crítica, pues un trabajo de estas característica pide a gritos este tipo de honestidad, sino fuimos (o no fuimos) sólo a reírnos, a horrorizarnos, a estar de acuerdo o en desacuerdo por puro capricho, militancia o estado anímico.

Como ya se dijo los monólogos son testimonios de mujeres y son leídos por otras mujeres, vestidas de negro, en tacos altos, con micrófonos en las espaladas. Leídos desde prolijos cartoncitos color gris para que quede claro que ahí no hay un personaje que dice su verdad, sino que hay una verdad dicha por un tercero. El planteamiento dramático es en extremo bretchtiano (más de lo que él lo concibió), es un entrar por breves momentos a la piel de la mujer que contó su experiencia, pero es un entrar para salir, para señalar constantemente la categoría de real de la palabra, la carga de la tragedia vivida, no representada. Se instaura la convención de la televisión, de los noticiosos, de los talk show, para darle aún más veracidad a la verdad. Hay un letrero permanente que nos señala y dice esto no es ficción, esto sucede todo el tiempo en el interior de cualquier mujer.

Las actrices que construyen personajes no de actrices, sino de dadoras de testimonios son tres: Elvira Taveras, Yamilé Scheker e Ivonne Beras. El director Manuel Chapuseaux y los monólogos unos diez que van desde las violaciones, los traumas, los abusos, el placer hasta el parto. La música ligera, los black out evocan a los cortes en los programas de televisión. Hay un momento de juego teatral, donde ellas vuelven a la pubertad, al momento en que tuvieron su primera menstruación y la verdad es que es un poco plano, las tres construyen personajes sumamente aniñados, no hay actuación, hay una sátira, una caricatura de una niña de entre once y trece años que se parece demasiado a la Pinky o a la Chilindrina. Otro momento es el de los sinónimos (son demasiados) donde estas tres mujeres se paran y controlan al público mejor que Don Francisco o Corporán.

Pero leer no es actuar y sí ellas deben actuar, enredarnos en la convención y llevarnos al lugar de la risa, el dolor, la indignación, la emoción. Parece fácil, pero no, es una especie de control permanente de la energía de entrar y salir, de tener una gama de recursos actorales y creatividad para sacudir. Evidentemente la mejor dotada es Elvira Taveras. Yamilé Scheker nos dio lo mismo de siempre: desenfado, rapidez y dificultad para profundizar para quedarse quieta en el momento adecuado y atrapar la esencia. Ivonne Beras no creo que pueda ser considerada actriz, es una mujer bella, simpática, que maneja muy bien al público pero carece de herramientas corporales, vocales y de formación para construir personajes, para darle texturas y matices, para crear una niña que va creciendo. Sin embargo el producto terminado es bueno y creo que cada una da lo mejor de sí para llenar la sala.

Pude llegar a una sola conclusión: la vagina hace poco que ha comenzado a existir, era un espacio virtual, algo oscuro por donde saldrían los bebés, donde sangraría con la perdida de la virginidad, en fin que casi no tiene nombres populares, que todo se refiere a la vulva porque era un espacio virtual que se abría o cerraba según las circunstancias. Quizá la intención de ponerla a hablar es para que efectivamente se constituya socialmente como lo que es: un lugar real.

Published in: on 21 diciembre 2008 at 3:04 pm  Dejar un comentario  
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