Hace 33 años, tenía 12 , y estaba en séptimo grado

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cuando comenzaron a pasar demasiadas cosas. Demasiadas. Me atacaron las hormonas. Gabriela, mi compañera de curso y vecina, era una rubia despampanante que la piropeaban hasta los semáforos. Yo, una delgada muñequita de porcelana, seducida por lo que oía y veía. Y vi muchas cosas, vi a un hombre corriendo detrás de un joven extremamente flaco con un revolver en la mano, apuntarle en la cabeza en pleno movimiento. Vi caer al que mataron y como lo metía, el mismo asesino, en el baúl de un coche. Vi a mi papá llorar como un niño cuando supo que uno de sus mejores amigo había desaparecido y el otro había peleado hasta morir, junto a su esposa en la sala de su casa. Vi  las calles vacías, vi el miedo, vi la soledad, vi a mis vecinos del liceo militar de la marina volver cada vienes por la tarde más buenos mozos que nunca, los vi pero no me atreví a desear que me sacaran a bailar en las fiestas del edificio donde vivíamos. Gabriela Vogogna bailaba con los cuatro hermanos preciosos e impecables. Yo miraba, siempre miré y vi demasiadas cosas que olí y no saboreé, que soñé y no toqué, que no pude olvidar. Hace treinta tres años, tenía doce y estaba en séptimo, después tuve trece y fue peor, no podía dejar que me vieran.

Published in: on 28 marzo 2009 at 6:00 pm  Dejar un comentario  
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