Para decir adiós solo tienes que decirlo: A.D.I.O.S

ImagenNo es fácil que te reciban despidiéndote. Pero haré el intento. Para ello, me pregunto: ¿cuál es el modo de comenzar este comentario crítico si lo primero que surge es el adiós? Así, entre el bolero de José Feliciano (Para decir adiós)  y las teorías del alemán Hans-Thies Lehmann (teatro posdramático), creo que podemos situar un espacio comunicativo, aunque resulte raro en estos tiempos de batidoras informativa y múltiples reacciones frente al hecho estético.

Como casi todas las piezas de teatro contemporáneo incluyen de alguna manera el metateatro, es decir, la reflexión sobre la realización del hecho dramático –asunto que sucede al inicio de la pieza de Machepa Teatro-, la crítica actual se ha vuelto un espacio metacrítico, pues siempre se reflexiona sobre la forma de hacer la crítica. Según Lehmann, en el teatro no prima una reflexión sobre el teatro, sino sobre la comunicación entre los seres humanos. En la crítica, la reflexión sobre la forma de hacer teatro se inscribe igualmente en el tema de la comunicación: por eso es importante dejar claro desde dónde se habla, desde que perspectiva, teoría o marco teórico se hace la crítica o el comentario crítico.

Desde mi punto de vista, pues, la pieza A.D.I.O.S conduce necesariamente a preguntarse qué pasa con la comunicación, por qué es tan difícil cortar de manera apropiada ciertos niveles comunicativos, y esta problemática se encuentra asociada de manera sistemática a todos los elementos del montaje. Sin embargo, antes de abordar el punto nodal de la pieza, creo que es importante ubicar el tipo de montaje dentro de las diferentes corrientes o propuestas teatrales que existen.

A.D.I.O.S comienza presentándonos una situación precomunicativa traumática en la que dos personajes no se atreven a comunicarse. La forma que adquiere esta presentación, y nótese que no digo “representación”, la podemos inscribir dentro de lo que Lehmann  denominó hacia finales de los años noventa teatro posdramático. Si partimos del presupuesto de que el teatro dramático es un teatro de representación que imita a la realidad, el teatro posdramático es un teatro de presentación y ya no imita a la realidad, sino que tiende a formar parte de la realidad, interviniendo en ella como un performance.

En este caso, está de más decir que el texto presenta el estatuto de una guía temática y que tiene la misma importancia que el resto de los elementos del montaje, de la misma manera que el texto que utilizamos para dar instrucciones no se confunde con la instrucción en sí misma, sino que es un elemento más dentro de los otros elementos que determinan la situación comunicativa: tono de voz, silencios, contexto, actitud corporal, vestimenta, jerarquías interpersonales, etc.

De manera tal, puede decirse que la pieza escrita y dirigida por Hamlet Bodden no “interpreta” un texto ni lo “representa”, sino que nos presenta una situación precomunicativa, y que sabemos que lo es, no solo por lo que se dice en ella, sino más bien por lo que no se puede decir, o sea, lo que en dicha situación adquiere el estatuto de incomunicable.

Así, la desesperación (situacional) de los personajes ante su propia incapacidad de comunicarse se traduce en aspectos tales como las acciones físicas, el vestuario, la escenografía, la música, el espacio (un bar) y lo más importante: por la elección de los roles, los cuales se definen por la verbalización de los pensamientos y por  algunas actitudes corporales y gestuales, más que por el género o la edad.

Sin duda podemos decir que esta pieza se inscribe dentro del teatro político, no porque plantea una problemática de la vida pública como lo es la violencia entre los miembros de una pareja, la cual, en el plano de lo real-social, muchas veces lleva al asesinato. Es política por la manera en que se presenta el tema. Lo que mejor presenta la pieza es la angustia, una angustia enorme que es motivada principalmente por dos aspectos: el social, que se hace evidente por medio de la evocación del consejo de los amigos, y el psicológico, evidenciado a través del miedo a la soledad, el deseo de ser la víctima y el orgullo que empuja a cada personaje a no dar su brazo a torcer.

A lo largo de la pieza, esa angustia permanece latente sin acceder nunca al plano explícito, ya que su función es la de crear las condiciones en que cobrará sentido la serie completa de actos precomunicativos que impiden la comunicación (bloqueándola o dinamitándola desde adentro) y que atraviesan la pieza de múltiples maneras: por medio de la ironía de los monólogos; mediante los movimientos corporales que explotan en la danza; a través de la falsa ternura del contacto entre los miembros de la pareja; por la vía del vestuario que iguala a los  personajes y los convierte prácticamente en guerreros chinos; inoculada por los efectos musicales, los cuales denotan una especie de melancolía genérica propia de las películas y de algunos aeropuertos, e incluso –de manera inesperada– producto de los efectos de sonido exterior muy real como las bocinas, los gritos o el motor del delivery del colmado de abajo.

A.D.I.O.S, de Machepa Teatro, introduce en la escena dominicana una forma muy diferente de hacer teatro, ya que trasciende la “representación” y rompe con muchas de las contradicciones que aturdían al teatro hasta finales de los noventa y principios de este siglo: texto, pretexto, el cuerpo del actor, catarsis, distanciamiento, reflexión del espectador, construcción del personaje y así podríamos seguir hasta agotar el diccionario completo de Pavis.

Sin ser categórica, porque no puedo serlo, creo que esta pieza nos sitúa frente a un hecho teatral diferente que no solo superó los aspectos propiamente dramáticos del teatro, pues se presenta y no representa, sino que también superó lo dramático de los temas (tal como antes lo había hecho en Algunas escenas antes de la muerte de Julio) utilizando el término dramático como se usa de manera popular (“no hagas un drama de todo”) convirtiendo estos temas en una fuerza, en una temática social que le da sentido político a la pieza porque logra que converjan todos los vectores que determinan la acción del ser humano contemporáneo: la incomunicación, el orgullo, la memoria prestada de las películas, la familia, los amigos, la autoimagen, etc.

Sin duda, hace sesenta años, la letra del bolero de José Feliciano podía servir como pretexto para improvisar una despedida. En nuestra época, no obstante, decir adiós  no es fácil.

Ficha Técnica

Dramaturgia y Dirección: Hamlet Bodden

Intérpretes: Wendy Alba y Hamlet Bodden

Diseño de Vestuario: Renata Cruz

Música de: Louis Andriessen y Phillip Glass

Relaciones Públicas: Cherny Reyes

Diseño de Imagen: Samuel Estevan

Asistencia de Dirección: Camilo Landestoy

Producción General: Machepa Teatro

Anuncios

Hasta la victoria, Villalona

Imagen

Este sea quizá

el último intento épico

que me permita

porque además de mi papá y mi suegro

ya no conozco más héroes.

Este poema

es una forma de decir adiós

un adiós

a una rara avis: un ser humano

un héroe

un hombre

que solía mecerse

en el borde de la tarde

con la mirada hundida

en la sabiduría

y

las manos hundidas

en la acción.

Un hombre

Rafael Villalona

que ayer se murió

y con él

nos morimos todos

porque

cuando se muere un hombre

como él

nos morimos todos

porque

recordamos

porque

nos dejamos llevar

por la dulce melancolía

del pasado

porque

dejamos que la vida triunfe

resistiéndonos al olvido.

Villalona

ha muerto

y la peor parte de la muerte

le cae encima

a Delta

a Nelly

a los hijos

a los nietos

a ellos les toca

la ausencia

el vacío

la rabia

el dolor

la espantosa resignación del silencio

donde antes reinaba la voz de Rafael.

Al resto nos toca

espantar el olvido

mantener viva la llama

que le dio sentido a su vida:

luchar por algo

que hasta suena a mala palabra

una ideología

que se materializó en acción

y ese solo intento

convierte a un hombre

en un héroe

porque lo hace humano.

Ayer se murió Villalona

y con nuestra pena

deberíamos mantener vivo

el deseo de hacer un poco

de contrapeso

en estos tiempos

donde nos hemos olvidado

que el como si

solo es posible desde la honestidad.

Como dice Próspero

que le dijo Shakespeare

estamos hechos de la materia

de nuestros sueños

y la materia de los sueños de Villalona

sigue aquí

y seguirá aunque se olvide su lucha

y la historia oficial recuerde su nombre.

Villalona

hasta la victoria del alma.