Bachata, tango, tiempo, nada

Ya no sé casi nada. Tampoco sé, si queda algo o si veinte años no es nada como decía Gardel o como sigue diciendo desde atrás del mueble con su eterna cara de foto. Veinte años es mucho, sobre todo si hace veinte años que una dejó la patria y hace exactamente los mismos veinte años que el padre de esa misma una se pegó un tiro con orificio de entrada en el paladar y sin orificio de salida. Veinte años van pasando, uno sobre otro, uno atrás de otro, lejos tan lejos que una cree que no pasan, que la ausencia de estaciones detiene el paso del tiempo. Porque veinte años en Comallo son veinte nevadas, veinte soles desérticos, veinte primaveras radiantes y veinte otoños de puro viento. Pero no, entre todas las cosas que no sé, están también escondidas aquellas que no dejan de dolerme, que se acumulen en veinte abriles, que como dice otro tanto, no volverán. En veinte mayos que no terminan de diluirse en la esencia salada de las lágrimas, en veinte aniversarios que se empeñan en aparecerse cuando una menos se los imagina, en veinte años de ausencia de padre y de patria. Pero lo más doloroso del asunto, lo que más jode, es que después de veinte años, como dice la bachata de ti no queda nada, nada de nada. Y cuando se dice nada, se siente nada, ya no queda ni el recuerdo. Solo resta imaginar y eso duele, eso duele mucho más. Veinte años no es nada y ni tan siquiera se puede seguir viviendo aferrada a un recuerdo, porque después de veinte años hasta los recuerdos se vuelven nada y eso, eso duele mucho más que la verdad.

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Published in: on 16 septiembre 2011 at 7:02 am  Comments (4)  
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