El beneficio secundario del deseo

barca

El beneficio secundario del deseo es, sin duda, la culpa. No hay nada más precioso y diáfano que desear, solo y solo sí a continuación se desata una enorme y feroz culpa. Una culpa que carcome el sentido común y la propia voluntad. Una culpa que pervierte al deseo hasta convertirlo en un augurio funesto, una vergüenza capital, en una mancha genética que no se quita ni con cirugía, ni con psicoanálisis. Un enorme pozo negro y oscuro resguardado por un esfínter  bien entrenado, que sólo permite la salida de los desechos del deseo, transformados en materia de culpa. Un control tan estricto como una ley, la ley que controla el deseo y la culpa.

El beneficio secundario de la culpa es, sin duda, desproporcionar el tamaño del deseo hasta convertirlo en un fantasma con vida propia, un fantasma que, como cualquier monstruo gótico, termina matando a su creador o convirtiéndolo en santo demonio o perverso ángel, da igual. En ambos casos la ley de la culpa y el deseo conmutan sus beneficios secundarios y sus penas.

Published in: on 7 julio 2009 at 9:29 am  Dejar un comentario  
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