Conversaciones con Aurelia de Daniel Torres: una osada presentación literaria con travesti incluida

aureliaConversaciones con Aurelia es ante todo una novela y como tal cuenta una historia. Como toda novela de la posmodernidad ya no pretende contar la historia, sino como acabo de decir, una historia o mejor será decir el fragmento de una historia. Los chismes que quedaron de la historia, los reflejos que se fragmentaron en la bola de cristal hecha de miles de aristas espejadas. La bola de Travolta que gira en el techo de toda discoteca o night club que haya asumido los ochenta. El costadito de una historia que se teje con las rabias, los placeres, los deseos, las fantasías. El suspiro de una historia que se crece en la pista,en el tubo de la estriper, en los siete minutos de fama de una trans que es Paloma San Basilio. Los residuos de una historia que se vomitan en la taza de un inodoro embarrado de mierda ajena o se desvanecen con el sudor y el maquillaje en el asiento trasero de la guagua que va para el barrio. Una historia, que se cuenta a sí misma en la boca de Aurelia, protagonista, narradora y alcahueta total.

Cuando terminé de leer esta novela, que contiene intérpretes, dos partes de chismes y una tercera parte de  cartas, me dije: “Volonteri esto es cosa de hombres.” Me reí y pensé, linda forma de acabar con el discurso falocéntrico. También me acordé de una amiga que después de su tercer divorcio y harta de los hombres dijo: “Me voy a dedicar a las mujeres.”  Otra más experimentada le respondió: “Cariño, es lo mismo, las relaciones entre las personas terminan repitiendo más o menos los mismos patrones culturales. Pero si quieres te invito a tomar un trago esta noche y tu decides.” No he vuelto a verlas a ninguna de las dos, dicen que se demandan mutuamente por violencia sicológica.

El asunto es el siguiente, los personajes de la novela son transexuales, travestis, gay, bugarrones, ex travestis, machos con penes descomunales y todo sucede en el ambiente de la noche, del San Juan clandestino o de doble moral, en el ex Pájaro azul y ahora Blue Parrot. En la puerta excitante del condado, en Mérida, en el avión, en el recuerdo de Aurelia. Todo sucede en una isla, donde según dicen los protagonistas, la mariconería es el verdadero deporte nacional.

La novela cuenta la vida de personas más allá de sus preferencias, de sus aspectos, de sus sueños. De personas que viven en una isla colonizada de Latinoamérica y son víctimas de discriminación, inseguridades, represiones. Víctimas y victimarios de sus propias pasiones y deseos.

No intento negar el aspecto homosexual y transexual de la novela, pero quisiera recalcar que después de la fragmentación simbólica del poder (por que real todavía no ha sido) la Literatura, con mayúsculas, era masculina y no sólo porque la escribieran hombres, sino porque ellos detentaban el poder. Hablo del Canon de Bloom, de Shakespeiere, Safo y Cervantes, donde todo cabía, incluso la sensibilidad ante la tragedia.

Y qué pasó después cuando el hombre y el género humano no fueron sinónimos, se decapitó al Cancerbero y este se convirtió en Medusa. Unos dicen que fue culpa de la posmodernidad, otros dicen que los filósofos de la postmodernidad sólo describieron el suceso, haya sido como haya sido, lo cierto es que tenemos todo tipo de literatura: femenina, gay, latina, negra, indígena, etcétera. Los conservadores rebeldes dicen que la buena literatura va más allá de los subtítulos. En algo coincido con ellos, un texto está o no está escrito bien, pero no podemos negar que esa categoría de bien está directamente relacionada con el subtítulo.

Y digo más, el subtítulo no lo determina el tema, sino la apropiación de la estética de ese tipo de literatura. La poesía negroide no lo es solo porque asume el tema de la esclavitud, las raíces africanas, la explotación, etcétera; sino porque vuelve parte de su estética el lenguaje de este sector de la humanidad al cual se refiere: el ritmo, la musicalidad, la sintaxis, el sociolecto. La negritud preña, contamina el lenguaje de la Literatura.

En el caso de Conversaciones con Aurelia, sucede esto mismo, la manera de ser, vivir y decir contamina el texto. Más allá de la historia de estas personas, que muy evidentemente reproducen la historia de un pueblo colonizado. En Latinoamérica casi todos queremos ser otros y otras: irnos a cantar boleros a Mérida, conseguir un gringo para casarnos, (acá le pregunto al público quién quiere casarse con un gringo) ser la favorita del dueño del local, olvidar teniendo o consiguiendo un pene descomunal y -sin duda- muchas veces resultamos mejores que el original. Dice Aurelia de Delirio: “Fuiste tú más famosa en tu imitación de lo que fuera Lucy en persona, siendo el original de sí misma.” También, otro síntoma de coloniaje es despreciarnos entre nosotros: “Parece cubana en celo, la pobre es boricua, no llega a dominicana…”

Mucho más allá de la triste y deliciosa historia de Aurelia, Fifí, Delirio, Nani, Miguel, John Smith o Bebo Salgado el decir de la novela, su propia poética se preña, se contamina de la forma de decir de estas mujeres que hacen de todo evento un chisme, una conversación: algo que contar, una intertextualidad permanente con el cancionero romántico y de despecho, frases sacadas de revista del corazón (cito): “Si le dices a un hombre cuanto lo quieres, decididamente la regaste.”

En esta novela, pasan cosas, suceden hechos, hechos que cuenta Aurelia en segunda persona del singular hablando de los personajes y hablándole a los personajes para que los lectores nos sintamos como escuchando una conversación ajena, como brechando con el oído la vida de los otros, que quieren ser otras o vivir su vida para dejar de vivir la de otros. La otredad es infinita tras las bambalinas del Pájaro azul, que ahora, Blue parrot.

En esta historia suceden dos hechos importantes, uno lo verán a continuación y su protagonista fue la Nani. El otro, el de Miguel no lo podemos hacer en el marco de la feria, para enterarse deben leer la novela y pedirle a Aurelia, la alcahueta total, que se los cuente.

(Ezequiel, por favor, la música. Entra la trevesti e interpreta Fuera de mi vida de Valeria Lynch y al terminar abofetea al autor, igual que lo hace le personaje de la Nani en la novela, pero a quien abofetea es al chulo. )

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